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lunes, 2 de noviembre de 2026
Ciencia

Nadar en el mar: el consuelo que une a una hija con su madre

Descubre cómo la natación en aguas abiertas se convirtió en una fuente de bienestar y conexión emocional tras la pérdida de una madre.

Por AACam4 min de lectura0 comentarios
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Imagen ilustrativa
Imagen ilustrativa

La natación en aguas abiertas ha emergido como una práctica que va más allá del ejercicio físico; para muchas personas, representa un refugio emocional y una vía para sobrellevar el duelo. Así lo relata una nadadora aficionada que encontró en el mar una conexión inesperada con su madre fallecida.

El inicio de una travesía personal

Todo comenzó en junio de 2024, ocho meses después de que su madre muriera repentinamente. Sumida en una sensación de pérdida y ansiedad, agravada por noches de insomnio, la autora de esta historia se sintió persuadida por una amiga para inscribirse en un reto de natación: 3 kilómetros diarios durante una semana en Croacia. Aunque al principio las dificultades técnicas fueron notables —sus brazadas eran desordenadas y dependía en gran medida de las piernas—, pronto descubrió que el agua le ofrecía un alivio instantáneo.

La sensación de estar inmersa en el mar, mecida por las olas y rodeada de vida marina, le permitía desconectar de los pensamientos intrusivos. «El nudo en la garganta se aflojaba y podía respirar profundamente», describe. Con el tiempo, y gracias a los consejos de guías especializados, mejoró su técnica de crol y ganó confianza en aguas abiertas.

De la piscina municipal al mar abierto

Su relación con el agua no siempre fue placentera. Creció en Croydon, al sur de Londres, donde su madre la llevaba a la piscina municipal. Mientras ella chapoteaba en la piscina infantil, su madre nadaba largos en la de adultos. Aquellas visitas, en la década de 1980, estaban marcadas por vestuarios sombríos, olores a cloro y advertencias caricaturescas sobre no correr ni zambullirse. El premio era un chocolate Curly Wurly de la máquina expendedora.

Con un padre italiano, cada dos años la familia viajaba en tren desde el Reino Unido hasta Turín y luego a Sicilia. En las playas del Mediterráneo, su madre nadaba durante horas mientras ella la observaba desde la orilla. Ahora, al nadar ella misma, se pregunta qué significaban esas travesías para su madre, quien vivió con depresión y ansiedad. «Nunca hablamos de ello», confiesa.

El mar como terapia y conexión

Tras la muerte de su madre, la autora se mudó temporalmente a Italia, pero regresa con frecuencia a Bexhill-on-Sea, en East Sussex, donde sus padres se habían retirado. Allí, caminar junto al mar o simplemente escucharlo le ayuda a centrarse. En ocasiones se atreve con baños de agua fría.

Sin embargo, son los viajes de natación organizados por SwimTrek los que se han convertido en una fuente poderosa de bienestar integral. Un año después de Croacia, completó un viaje de 4 km diarios en Grecia, celebrando su 50 cumpleaños. Luego vino Turquía: 25 km en cinco días frente a la costa de Kaş, a lo largo de la Vía Licia. A pesar de ser la más lenta del grupo, no sintió vergüenza alguna; al contrario, una enorme sensación de logro.

La comunidad de nadadores y las amistades forjadas han sido un pilar fundamental. «El movimiento rítmico mientras observo la vida marina despeja mi mente», afirma. La flotabilidad la hace sentir ligera pero anclada, y la inmersión en el agua le proporciona una paz que no encuentra en tierra.

Un vínculo que perdura

Aunque lamenta no poder contarle a su madre sobre sus nuevas hazañas acuáticas, encuentra consuelo en la idea de que el mar las conecta. «Ahora, cuando nado, siento que ella está de alguna manera presente», reflexiona. La natación se ha convertido en una forma de honrar la memoria de su madre, una mujer que también amaba el agua y que quizás encontró en ella el mismo respiro que ahora la ayuda a sanar.

Esta historia refleja cómo la actividad física en entornos naturales puede tener efectos profundos en la salud mental. Diversos estudios han señalado los beneficios de la llamada «terapia azul» o exposición a espacios acuáticos, que reduce el estrés y mejora el estado de ánimo. Para esta nadadora, el mar no solo le ha devuelto la calma, sino también una conexión intangible pero real con su madre.

Con planes ya para su próxima travesía, esta mujer demuestra que, a veces, el camino hacia la aceptación y la paz interior puede encontrarse flotando en aguas abiertas, rodeada de silencio y de recuerdos que, como las olas, van y vienen.