La relación entre la política climática y las preocupaciones cotidianas de las comunidades negras en Estados Unidos está en el centro de un debate que cobra relevancia conforme se acercan las elecciones de medio término. Una encuesta reciente de HIT Strategies para el Climate Equity Action Fund y la League of Conservation Voters revela una brecha significativa: solo el 9% de los votantes negros registrados clasifica el cambio climático entre sus tres principales preocupaciones para votar, mientras que el 74% señala el costo de vida como su mayor motivación.
La desconexión entre el clima y la vida diaria
El caso de Elijah Lee, un joven de 18 años que vive en Virginia, ilustra esta tensión. Lee creció en una comunidad de bajos ingresos en Roanoke Rapids, Carolina del Norte, donde una fábrica de papel contaminaba el aire. Ahora, en lo que llama la capital de los centros de datos de Estados Unidos, teme que las promesas políticas de crecimiento económico no lo alcancen. “Es difícil preocuparse por la calidad de tu aire o de tu comida cuando ni siquiera puedes pagar la comida”, afirma.
Esta percepción no es aislada. La encuesta, realizada entre el 24 de septiembre y el 10 de octubre de este año, entrevistó a 2,000 votantes negros y latinos registrados en estados clave como Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, Carolina del Norte, Ohio y Pensilvania. Los resultados muestran que, aunque el cambio climático no encabeza la lista de prioridades, la mayoría de los encuestados quiere que sus líderes aborden el tema. De hecho, el 89% considera importante que los candidatos prioricen la reducción de los costos de energía, el 86% la reducción de la contaminación del aire y del agua, y el 82% el abordaje del cambio climático.
La confianza, el factor clave
Erica Tebbs, analista senior de HIT Strategies, señala que el problema no es convencer a los votantes negros de que las amenazas ambientales existen. “La prueba que se necesita es que sus preocupaciones serán atendidas y respondidas por los funcionarios electos y que un voto resultará en un impacto real en su comunidad”, explica. “Ahí es donde radican las dudas”.
Bill Hairston, director nacional de campo de la League of Conservation Voters, comparte esta visión. Creció en Charleston, Virginia Occidental, en un vecindario negro pobre donde los camiones de carbón pasaban a diario y el pasto de su abuela estaba cubierto de hollín. “Nunca vi el pasto de mi abuela verde”, recuerda. Para él, la conversación sobre los centros de datos ofrece una oportunidad para conectar la presencia de una industria con preguntas sobre salud, asequibilidad y supervisión gubernamental.
Centros de datos: ¿beneficio o carga?
La encuesta revela una profunda preocupación entre los votantes negros sobre el impacto de los centros de datos en los costos de electricidad. Incluso cuando se les dijo que el Congreso consideraba una política que obligaría a las empresas a pagar por la electricidad que consumen, el 52% de los votantes negros esperaba que los centros de datos aumentaran los costos para los estadounidenses comunes. “No confían necesariamente en que este tipo de política realmente proteja al público de asumir estos costos”, dice Tebbs.
Andrea Cristina Mercado, líder del Climate Equity Action Fund, sostiene que estos resultados muestran que las comunidades negras enfrentan políticas fallidas relacionadas con el clima y el medio ambiente. “Creemos que la política climática tiene que abordar las necesidades de la clase trabajadora”, afirma, y por eso la asequibilidad está llevando al “surgimiento de un movimiento orgánico masivo contra los centros de datos”.
Diferencias partidistas y esperanza juvenil
La preocupación por el cambio climático entre los votantes negros se extiende más allá de la identificación partidista. Entre los republicanos negros, el 79% dijo que era importante que los candidatos priorizaran abordar el cambio climático, en comparación con el 59% de los republicanos latinos. Hairston atribuye esto a la experiencia vivida de los votantes negros, quienes están más expuestos a la contaminación y a problemas relacionados con el clima, como inundaciones.
A pesar del escepticismo, un 45% de los votantes negros cree que las personas que trabajan juntas a través del voto, peticiones y boicots pueden responsabilizar al gobierno y a las corporaciones y reducir los efectos del cambio climático. Lee, ahora estudiante universitario de primer año, señala el ejemplo de un grupo de estudiantes de secundaria en Spartanburg, Carolina del Sur, que se organizan contra un centro de datos propuesto. “Sabemos que este es el futuro que estamos heredando”, dice. “Y eso me impulsa tanto por preocupaciones profundas como por una profunda esperanza de que podemos revertir esto”.
El camino hacia una política climática inclusiva
Los expertos coinciden en que la política climática no puede separarse de la asequibilidad y la economía. Para Mercado, la clave está en abordar las necesidades de la clase trabajadora y garantizar que las comunidades vean beneficios tangibles. La encuesta sugiere que los votantes negros no son indiferentes al clima, sino que exigen que las soluciones ambientales se traduzcan en mejoras concretas en sus vidas: facturas más bajas, agua limpia y protección contra la contaminación corporativa.
En un contexto donde el costo de vida domina las preocupaciones, los defensores del clima enfrentan el desafío de demostrar que la acción ambiental puede producir resultados reales. La historia de Lee y las experiencias de Hairston subrayan la necesidad de conectar la política climática con la justicia económica y social, un enfoque que podría movilizar a los votantes y cerrar la brecha entre la preocupación ambiental y la acción electoral.

