La inteligencia artificial está transformando el terreno de la ciberseguridad, pero no de una manera que necesariamente favorezca a las empresas. De acuerdo con un análisis de Leidivino Natal da Silva, mientras las organizaciones utilizan esta tecnología para detectar amenazas, automatizar respuestas y fortalecer sus defensas, los ciberdelincuentes aprovechan esa misma herramienta para crear fraudes, personalizar sus estrategias a gran escala y acelerar las intrusiones.
El texto advierte que el resultado es una carrera en la que la ventaja cambia constantemente de lado. Es decir, la IA no representa una protección definitiva ni un escudo único frente a los incidentes cibernéticos, sino un factor que incrementa la eficiencia tanto de los defensores como de los atacantes.
Según el planteamiento de Natal da Silva, las empresas recurren a la inteligencia artificial para tareas como la detección de amenazas y la automatización de respuestas, lo que en teoría mejora su capacidad de reacción. Sin embargo, los ciberdelincuentes emplean la misma tecnología para perfeccionar fraudes, adaptar sus estrategias a gran escala y ejecutar intrusiones con mayor velocidad.
El análisis concluye que esta dinámica genera un escenario de competencia continua, donde ninguna de las partes mantiene una ventaja permanente. La inteligencia artificial, por sí sola, no impide los incidentes cibernéticos; más bien redefine la forma en que se libra la batalla digital.

