Proteger el suelo hace más sostenible la agrivoltaica

Imagen ilustrativa
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La agrivoltaica, esa disciplina que combina la generación de electricidad y la agricultura en un mismo terreno, avanza con paso firme en distintos países. Sin embargo, su éxito a largo plazo no depende únicamente de la eficiencia de los paneles solares o del rendimiento de los cultivos. Un factor menos visible pero crucial es el suelo. Investigadores del Centro Leibniz de Investigación del Paisaje Agrícola (ZALF) han medido por primera vez cómo la fase de construcción de las instalaciones agrivoltaicas afecta la estructura del suelo.

El suelo, un recurso olvidado en la transición energética

Cuando se instala un parque agrivoltaico, las máquinas pesadas, los movimientos de tierra y la colocación de estructuras de montaje alteran el terreno. Hasta ahora, la mayoría de los estudios se centraban en la producción eléctrica o en el rendimiento de los cultivos, pero pocos analizaban el impacto directo sobre el suelo. La investigación del ZALF pone el foco en esta laguna de conocimiento.

El suelo no es un simple soporte físico: es un ecosistema vivo que alberga microorganismos, materia orgánica y una estructura porosa que regula el agua y los nutrientes. Si se compacta o se erosiona durante la construcción, los efectos pueden durar años y comprometer la viabilidad agrícola del proyecto.

Primeras mediciones en instalaciones agrivoltaicas

El equipo del ZALF realizó mediciones en distintas fases de construcción de instalaciones agrivoltaicas. Evaluaron parámetros como la densidad aparente del suelo, la porosidad, la infiltración de agua y la presencia de raíces. Los resultados preliminares, publicados recientemente, muestran que las zonas más transitadas por la maquinaria presentan una compactación significativa en comparación con las áreas no intervenidas.

Además, detectaron que la remoción de la capa superficial del suelo puede reducir la fertilidad natural y aumentar el riesgo de erosión. Estos hallazgos subrayan la necesidad de planificar la construcción con técnicas de bajo impacto.

Medidas de protección del suelo que marcan la diferencia

Los investigadores proponen una serie de prácticas para minimizar el daño durante la instalación de sistemas agrivoltaicos:

  • Planificación de rutas: definir pasillos de circulación para la maquinaria y evitar el tránsito innecesario sobre el terreno agrícola.
  • Uso de maquinaria ligera: optar por equipos de bajo peso o con orugas para reducir la presión sobre el suelo.
  • Conservación de la capa superior: retirar y almacenar el horizonte superficial para reutilizarlo después de la construcción.
  • Siembra de cubiertas vegetales: plantar especies que protejan el suelo entre las hileras de paneles y mejoren su estructura.
  • Monitoreo continuo: evaluar la salud del suelo antes, durante y después de la instalación para corregir desviaciones.

Estas medidas no solo preservan el suelo, sino que también pueden mejorar la sostenibilidad global del proyecto al mantener la productividad agrícola a largo plazo.

Beneficios de una agrivoltaica bien planificada

La agrivoltaica ofrece ventajas evidentes: uso dual del territorio, generación distribuida y reducción de la competencia por la tierra. Pero estos beneficios se ven amenazados si el suelo se degrada. Un suelo sano retiene mejor el agua, reduce la necesidad de fertilizantes y favorece la biodiversidad. Además, contribuye a la resiliencia climática del sistema agrícola.

Los expertos del ZALF insisten en que la sostenibilidad no debe ser una etiqueta, sino una práctica medible. La protección del suelo es un componente esencial que a menudo se pasa por alto en la carrera por desplegar energías renovables.

Hacia un estándar de construcción sostenible

Con estos primeros datos, el equipo científico espera desarrollar directrices que puedan aplicarse en futuros proyectos agrivoltaicos. La idea es que la fase de construcción se planifique con el mismo rigor que la operación y el mantenimiento. Algunas empresas del sector ya están adoptando protocolos voluntarios, pero la falta de normativas específicas sigue siendo un desafío.

La investigación del ZALF también destaca la importancia de involucrar a los agricultores en el diseño de las instalaciones. Su conocimiento del terreno es invaluable para identificar zonas sensibles y adaptar las técnicas de instalación.

Implicaciones para el futuro de la energía y la agricultura

El estudio llega en un momento en que la agrivoltaica se expande rápidamente en Europa, Asia y América del Norte. Si se ignoran los impactos sobre el suelo, se corre el riesgo de repetir errores del pasado, como la degradación de tierras por prácticas intensivas. Por el contrario, una agrivoltaica que proteja el suelo puede convertirse en un modelo de economía circular y regenerativa.

Los investigadores continúan analizando los datos recogidos y planean publicar recomendaciones más detalladas en los próximos meses. Mientras tanto, la evidencia ya es clara: proteger el suelo no es un costo adicional, sino una inversión en la sostenibilidad del sistema agrovoltaico.

Claves para una instalación agrivoltaica responsable

  1. Realizar un estudio previo del suelo y su biodiversidad.
  2. Diseñar la distribución de los paneles para minimizar la compactación.
  3. Capacitar a los operarios en técnicas de bajo impacto.
  4. Establecer un plan de restauración del suelo tras la construcción.
  5. Integrar prácticas agrícolas regenerativas en la operación.

Con estas acciones, la agrivoltaica puede demostrar que es posible producir energía limpia y alimentos sin sacrificar la salud del suelo.

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