Un nuevo estudio publicado en la revista Nature por el equipo de Hiroyuki Imachi y colaboradores ha logrado cultivar con éxito arqueas que son los parientes más cercanos conocidos de los eucariotas, el grupo que incluye a plantas, animales y hongos. El hallazgo, que se publicó en 2026, ofrece pistas cruciales sobre cómo pudo surgir la complejidad celular en la historia de la vida.
El cultivo de arqueas: una hazaña técnica
Hasta ahora, el estudio de estos microorganismos había dependido en gran medida de muestras ambientales y técnicas de secuenciación genética, sin poder observarlos directamente en el laboratorio. El equipo de Imachi logró aislar y mantener cultivos puros de estas arqueas, lo que permite analizar su biología de manera directa. Este avance es significativo porque abre la puerta a experimentos que antes eran imposibles.
Las arqueas en cuestión pertenecen a un grupo conocido como Asgard archaea, que se considera el linaje hermano de los eucariotas. Su estudio promete arrojar luz sobre los pasos evolutivos que llevaron a la aparición de células con núcleo y orgánulos internos.
Simplicidad interna y dependencia de péptidos
Contrario a lo que se podría esperar de un pariente cercano de los eucariotas, las arqueas recién cultivadas resultaron ser internamente simples. Los investigadores describen que estas arqueas son sintróficas, es decir, dependen de la colaboración con otros microorganismos para obtener energía y nutrientes. Además, son peptidotróficas, lo que significa que utilizan péptidos (cadenas cortas de aminoácidos) como fuente principal de carbono y energía.
Esta simplicidad estructural sugiere que la complejidad eucariota no surgió de un antepasado ya complejo, sino que fue el resultado de procesos evolutivos posteriores, posiblemente relacionados con la simbiosis con bacterias que dieron origen a las mitocondrias.
Implicaciones para el origen de la vida compleja
El descubrimiento refuerza la hipótesis de que la endosimbiosis fue un paso clave en la transición de células procariotas a eucariotas. Al estudiar estas arqueas en cultivo, los científicos pueden ahora investigar las interacciones metabólicas que podrían haber facilitado esa transición.
Además, el hecho de que estas arqueas dependan de péptidos externos sugiere que la disponibilidad de nutrientes en el ambiente pudo haber influido en la evolución de estrategias metabólicas más complejas.
Un paso adelante en microbiología
El cultivo de estas arqueas no solo es un logro técnico, sino que también representa un cambio en la forma de estudiar la evolución temprana de la vida. A partir de ahora, será posible realizar pruebas de laboratorio para entender mejor su fisiología, su genética y sus relaciones simbióticas.
Los autores del estudio destacan que este avance abre nuevas preguntas sobre la naturaleza de los primeros eucariotas y cómo adquirieron sus características distintivas. Sin duda, un hallazgo que reescribe parte de la historia evolutiva.

