Un experimento de domesticación que comenzó en la década de 1950 en la Unión Soviética acaba de revelar una de las claves neurológicas de la docilidad animal. Científicos de la Universidad de Cornell identificaron un tipo específico de célula cerebral vinculada con los cambios de comportamiento en los zorros plateados domesticados, un hallazgo que podría ayudar a entender cómo se programa el comportamiento social en otras especies, incluidos los humanos.
El experimento de los zorros plateados: casi 70 años de selección
En 1959, un grupo de investigadores rusos inició un ambicioso proyecto: seleccionar y criar únicamente a los zorros plateados más mansos para comprobar si, con el paso de las generaciones, podían convertirse en animales domésticos parecidos a los perros. El resultado superó las expectativas. Después de pocas generaciones, los zorros comenzaron a mostrar rasgos físicos y conductuales propios de la domesticación: orejas caídas, colas rizadas y una clara preferencia por la atención y el afecto humanos.
El proyecto continúa activo y se ha convertido en un modelo clásico para estudiar el poder de la selección artificial. Sin embargo, hasta ahora no se sabía con precisión qué ocurría dentro del cerebro de estos animales para que su comportamiento cambiara de forma tan radical.
El hallazgo: menos neuronas con receptor de estrógeno alfa
El equipo liderado por Eirene Markenscoff-Papadimitriou, bióloga molecular de Cornell y autora principal del estudio, comparó los cerebros de tres grupos de zorros criados en granja: mansos, agresivos y convencionales. El análisis se centró en el hipotálamo ventromedial, una región cerebral asociada con las respuestas de miedo, defensa y agresión.
Los resultados, publicados el 2 de noviembre en la revista Current Biology, mostraron que los zorros mansos tenían una cantidad notablemente menor de neuronas que expresan el receptor de estrógeno alfa, una proteína que en estudios previos con ratones se había relacionado con mayor agresividad. Es decir, la reducción de este tipo de neuronas parece estar detrás del comportamiento más sociable y menos temeroso de los zorros domesticados.
“Este trabajo llega al corazón de la programación cerebral”, afirma Cheryl Rosenfeld, neurocientífica de la Universidad de Missouri que no participó en el estudio. “Si esto puede ocurrir en los zorros, también podría significar que, al alterar el perfil hormonal o de receptores en nosotros e incluso en otras especies, se podrían cambiar nuestros patrones de comportamiento y durar toda la vida”, añade.
De los ratones a los zorros: una científica accidental
Markenscoff-Papadimitriou se describe a sí misma como una “científica accidental de zorros”. Su especialidad es la neurociencia en ratones, pero en 2023 comenzó a interesarse por el experimento de los zorros plateados. Lo que empezó como curiosidad se transformó en un proyecto de investigación que la llevó a aplicar herramientas desarrolladas para roedores en un animal completamente distinto.
“Esto me demostró que debemos ser ambiciosos y seguir nuestra curiosidad, y que las herramientas desarrolladas para una sola especie pueden aplicarse a otras”, señala la investigadora. El estudio también la convirtió en defensora de ampliar la investigación más allá de los modelos tradicionales de laboratorio.
¿Qué viene ahora? El siguiente rompecabezas
Una vez identificada la diferencia cerebral entre los zorros mansos y los agresivos, el siguiente paso es entender por qué y cómo se produce. “¿Cómo las diferencias genéticas de estos zorros conducen a diferencias en la composición de tipos celulares de esta región del cerebro a lo largo del desarrollo?”, plantea Markenscoff-Papadimitriou. “Es un rompecabezas por resolver, pero ahora sabemos qué necesitamos resolver”, concluye.
Tanto ella como Rosenfeld coinciden en que el hallazgo abre la puerta a nuevas preguntas: ¿el mismo tipo de neurona determina el comportamiento social en otros animales, como perros y lobos? ¿Podría esta información ayudar a comprender mejor los trastornos del comportamiento social en humanos? La respuesta requerirá más experimentos, pero el camino ya está trazado.
Implicaciones para la ciencia y la domesticación
Este descubrimiento no solo arroja luz sobre un experimento histórico, sino que también ofrece pistas sobre los mecanismos moleculares que subyacen a la domesticación. La selección de rasgos mansos durante generaciones parece haber modificado la composición celular de una región cerebral clave, lo que sugiere que la evolución de la docilidad tiene una base biológica concreta.
Para los científicos, el estudio refuerza la idea de que el cerebro social puede reprogramarse mediante la selección genética, un principio que podría tener aplicaciones en el estudio del comportamiento animal y, quizás en el futuro, en la comprensión de las bases neurológicas de la sociabilidad humana.

