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miércoles, 4 de noviembre de 2026
sostenibilidad

Brasil lanza hojas de ruta para dejar los fósiles y frenar deforestación

Brasil presentó dos hojas de ruta para abandonar los combustibles fósiles y detener la deforestación para 2030, con propuestas clave para América Latina.

Por AACam4 min de lectura0 comentarios
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Cortesía
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Brasil, anfitrión de la COP30, anunció la publicación de dos nuevas “Hojas de Ruta” que trazan estrategias globales para la transición energética y para detener la deforestación. El anuncio cobra relevancia para México y América Latina, regiones especialmente expuestas a los impactos del cambio climático y con economías que dependen en distinta medida de los combustibles fósiles y de los bosques.

Un compromiso que nació en la COP30

La presentación de estos documentos ocurre en la antesala de la conferencia COP31, después de que en la COP30 varios países impulsaran sin éxito incluir una referencia a una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles en el acuerdo final. Al cierre de esa cumbre, la presidencia brasileña se comprometió a elaborar, en el plazo de un año, hojas de ruta basadas en ciencia sobre la transición y la deforestación, aunque de carácter voluntario y fuera del sistema de la ONU.

Los combustibles fósiles y la deforestación son motores clave del cambio climático: la energía genera el 75% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y la pérdida de bosques el 11%, según datos de la Presidencia de la COP30.

Enfoque de preparación para la transición energética

La hoja de ruta de los combustibles fósiles se centra en el “Enfoque de Preparación de Belém”, que examina la exposición de los países a estos energéticos y su capacidad para gestionar la transición en varios pilares complementarios:

  • Demanda energética: abarca el uso de energía en transporte, industria y edificaciones.
  • Oferta: evalúa cómo la producción de combustibles fósiles puede adaptarse a medida que se expanden los sistemas de bajas emisiones y cae la demanda.
  • Economía en general: aborda la dependencia fiscal, la inversión, el costo del capital y las señales de precios, entre otros temas.

El documento reconoce la necesidad de una coordinación cuidadosa: las reducciones en la producción de combustibles fósiles deben acompañar la caída de la demanda mientras los sistemas de bajas emisiones se expanden lo suficiente para mantener una energía confiable y asequible.

Entre las propuestas clave se incluye alentar a países, gobiernos subnacionales y sectores a comenzar a usar el Enfoque de Preparación de Belém para evaluar sus circunstancias e identificar prioridades; lanzar una agenda colectiva para acelerar la acción coordinada en esta década crítica, y sostener el diálogo y la cooperación internacional, incluso a través de futuras presidencias de la COP y del Balance Global.

Bosques: conservación, restauración y financiamiento

La hoja de ruta de deforestación abarca bosques tropicales, subtropicales, templados y boreales, así como ecosistemas forestales como turberas y manglares. También pone énfasis en la degradación forestal, que reduce la capacidad de los bosques para almacenar carbono, regular el agua, sostener la biodiversidad y mantener medios de vida.

El documento identifica cinco áreas complementarias de acción en las estrategias nacionales: conservación, manejo forestal sostenible, agroforestería y bioeconomía, combate a la degradación forestal, combate a la deforestación, y restauración, reforestación y forestación. Además, presenta propuestas como mejorar los sistemas de información y monitoreo forestal, fortalecer la asistencia técnica y la creación de capacidades, combatir el crimen ambiental transnacional y promover incentivos comerciales que recompensen la producción sostenible y libre de deforestación.

El financiamiento es señalado como una de las mayores brechas de implementación. Citando investigación del PNUMA, el documento indica que el financiamiento forestal anual debe subir de 84,500 millones de dólares en 2023 a más de 300,000 millones por año para 2030. Al examinar mecanismos internacionales como REDD+ y el Fondo Tropical Forest Forever Facility (TFFF), concluye que muchos instrumentos existentes operan por debajo de su potencial, por lo que se requiere escalar el financiamiento, mejorar el acceso y recompensar a países y comunidades por la conservación y el manejo forestal sostenible.

Implicaciones para México y América Latina

La región enfrenta un doble desafío: por un lado, reducir la dependencia de ingresos fiscales y exportaciones ligadas a los combustibles fósiles; por otro, proteger bosques y selvas que son sumideros de carbono y sostienen comunidades. Las hojas de ruta ofrecen un marco voluntario que los países pueden adaptar, pero también evidencian la necesidad de financiamiento y cooperación internacional para que la transición sea justa y efectiva.

Con la mirada puesta en la COP31, la iniciativa brasileña busca mantener el impulso político y técnico, aunque su carácter no vinculante deja abierta la pregunta sobre cómo se traducirá en acciones concretas en las próximas cumbres.