México se ha consolidado como una de las principales potencias agroalimentarias del mundo, pero no solo produce alimentos para su mercado interno; también abastece a consumidores de todo el planeta. Cada día, productos como aguacate, berries, carne de res, cerdo y productos pesqueros son exportados a Norteamérica, Europa y Asia, una dinámica que ha convertido al sector agroalimentario en uno de los más estratégicos para el país.
La clave está en la infraestructura que conecta la producción con los mercados, pues detrás de cada alimento que cruza fronteras existe una cadena de frío eficiente que permite preservar su calidad, mantener su valor comercial y fortalecer la competitividad del país.
De acuerdo con Emergent Cold LatAm, operador especializado en almacenamiento y logística con temperatura controlada en América Latina, la conversación sobre competitividad agroalimentaria suele enfocarse en producción y exportaciones, pero pocas veces en la infraestructura que permite preservar calidad y valor comercial a lo largo de toda la cadena de suministro.
“La cadena de frío suele verse como una necesidad operativa, cuando en realidad es una infraestructura económica estratégica. Así como las carreteras, los puertos o la energía, permiten el funcionamiento de otros sectores. La infraestructura de temperatura controlada es fundamental para garantizar el abastecimiento de alimentos, fortalecer exportaciones y minimizar pérdidas, todo ello respaldado por operaciones con estrictos controles de seguridad y calidad para garantizar la integridad de los productos. Es lo que denominamos Cold Economy o Economía del Frío”, señaló Juan Pablo Benitez, director-general de Emergent Cold LatAm en México y Caribe.
La importancia de esta infraestructura tiene implicaciones económicas directas. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en México se pierden o desperdician aproximadamente 20.4 millones de toneladas de alimentos al año, una cifra que representa un desafío tanto económico como ambiental. En este contexto, fortalecer la cadena de frío no solo ayuda a reducir esas pérdidas, sino que también permite que más productos mexicanos lleguen en óptimas condiciones a los mercados internacionales.
El mercado de la logística de cadena de frío en México está valuado en 7,390 millones de dólares para 2026, según datos de Mordor Intelligence. Este crecimiento refleja la creciente demanda de infraestructura especializada para mantener la temperatura controlada en cada eslabón de la cadena de suministro, desde el almacenamiento hasta el transporte.
La Economía del Frío, como concepto, busca posicionar a la cadena de frío como un habilitador clave del comercio alimentario, comparable a otras infraestructuras estratégicas como carreteras o puertos. Para México, que depende en gran medida de sus exportaciones agroalimentarias, invertir en esta infraestructura invisible podría ser la diferencia entre mantener su liderazgo global o perder competitividad frente a otros países productores.

