Saltar al contenido
viernes, 30 de octubre de 2026
Ciencia

El cráneo de hielo de la isla Vega se derrite por el calor

Imágenes satelitales revelan cómo el deshielo y las temperaturas récord están borrando el rostro de calavera de la isla Vega en la Antártida.

Por AACam4 min de lectura0 comentarios
Compartir
Cortesía
Cortesía

En la soledad del mar de Weddell, la isla Vega emerge como un espectro de hielo y roca. Su silueta, que recuerda a una calavera sonriente de perfil, ha cautivado a científicos y exploradores durante décadas. Sin embargo, el cambio climático está transformando rápidamente este paisaje helado, y las imágenes satelitales más recientes muestran cómo el rostro de la isla se está desvaneciendo.

Un rostro tallado en hielo y roca

La apariencia de calavera de la isla Vega se debe a una combinación única de formaciones glaciares. Un nunatak —una cumbre rocosa que sobresale del hielo— simula la cuenca de un ojo, una morrena lateral dibuja una boca y el glaciar de la Bahía del Diablo forma la mandíbula. Este rostro, que mira hacia la isla Diablo, ha sido captado por el satélite Landsat 9 en dos momentos clave: el 22 de marzo de 2025 y el 10 de octubre de 2026.

Las imágenes, procesadas con el sensor OLI (Operational Land Imager), revelan contrastes estacionales. En marzo de 2025, una capa de nieve cubría el hielo, típico del mes más húmedo de la región. En cambio, en octubre de 2026, grandes áreas aparecen sin nieve y el hielo más oscuro queda al descubierto.

Temperaturas récord y sus consecuencias

El glaciólogo Mauri Pelto, del Nichols College, atribuye esta exposición inusual a las temperaturas superiores al promedio durante el invierno de 2026, especialmente en junio. “La temporada invernal no fue un regalo para estos glaciares”, señaló Pelto. La falta de nieve nueva, combinada con la sublimación y la acción del viento, dejó al descubierto el hielo en la isla Vega y sus alrededores.

Este fenómeno tiene un efecto amplificador: el hielo desnudo es más oscuro que la nieve y absorbe más energía solar, lo que acelera el derretimiento a medida que los días se alargan y las temperaturas aumentan. “Incluso una fina capa de nieve nueva de una tormenta primaveral ayudaría a corto plazo”, agregó Pelto. “Cuando está enterrado en nieve y hielo, el cráneo se preserva. Pero cuando queda expuesto al deshielo, se erosiona, lo que cambiará la línea de la mandíbula y agrandará la cuenca del ojo”.

Un registro de pérdida de hielo

El primer mapeo exhaustivo del hielo de la isla Vega se realizó con ayuda de imágenes Landsat. En un estudio publicado en 1982, los científicos describieron los cuatro casquetes de hielo de la isla, con acantilados rocosos y glaciares de salida, y catalogaron 29 glaciares. Desde entonces, el glaciar de la Bahía del Diablo ha sido monitoreado de cerca, y se ha medido una disminución general de su masa. Imágenes satelitales de las últimas décadas muestran pérdida de hielo en otros glaciares de la isla, con un aumento de las áreas de roca expuesta.

Historia de terror y exploración

Mucho antes de que los científicos comenzaran a rastrear sus glaciares, la isla Vega fue escenario de una historia de terror real. La Expedición Antártica Sueca de 1901-1903 tenía como objetivo estudiar la geografía, geología, clima y vida silvestre de la península Antártica oriental. El grupo se dividió en tres, quedando aislados durante un invierno en diferentes ubicaciones. Para colmo, perdieron su barco atrapado en el hielo. El cabo Well-met, cerca de la “frente” del cráneo de la isla Vega, fue el lugar de un feliz reencuentro de dos de los grupos en la primavera de 1903. Poco después, una expedición argentina rescató a los supervivientes.

Hoy, la isla Vega enfrenta una amenaza distinta: el calentamiento global. La pérdida de hielo no solo altera su icónica forma, sino que también contribuye al aumento del nivel del mar y a la pérdida de biodiversidad. Los científicos continúan monitoreando estos cambios para comprender mejor el impacto del cambio climático en la región antártica.

El futuro de un símbolo helado

La isla Vega es un recordatorio visual de la fragilidad de los ecosistemas polares. A medida que el planeta se calienta, estos paisajes únicos están desapareciendo. La comunidad científica insta a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para frenar el derretimiento y preservar estos testimonios de la historia natural y humana.

Mientras tanto, las imágenes satelitales seguirán documentando la transformación de este rostro de hielo, que algún día podría desvanecerse por completo, dejando solo roca desnuda donde antes se alzaba una calavera.

Te puede interesar