Los pronosticadores advierten que el fenómeno de El Niño de este año podría convertirse en el más intenso jamás registrado, lo que genera creciente preocupación por sus efectos en la agricultura y la seguridad alimentaria a nivel mundial. Aunque Estados Unidos no será tan afectado como América Central y del Sur, el Caribe y el sur de África, las condiciones climáticas extremas podrían causar pérdidas significativas de cultivos en algunas regiones. Para México y América Latina, esta amenaza es particularmente relevante debido a la alta dependencia de la agricultura y la vulnerabilidad de las comunidades rurales.
¿Qué es el super El Niño y por qué es una amenaza?
El Niño es un fenómeno climático natural que implica el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial, lo que altera los patrones de precipitación y temperatura en todo el mundo. Cuando se intensifica, como se espera este año, puede provocar sequías severas en algunas regiones e inundaciones en otras. Según los expertos, este super El Niño podría superar en intensidad a los registros históricos, lo que lo convierte en una amenaza significativa para la producción de alimentos.
En América Latina, los países más afectados serían aquellos con economías basadas en la agricultura, como México, Brasil, Argentina y los países de Centroamérica. Las sequías prolongadas pueden reducir los rendimientos de cultivos básicos como el maíz, el frijol y el trigo, mientras que las inundaciones pueden destruir cosechas enteras y dañar la infraestructura agrícola.
Impacto en la seguridad alimentaria de México y Latinoamérica
La región depende en gran medida de la agricultura para la alimentación y el empleo. Un evento climático extremo como el super El Niño podría exacerbar la inseguridad alimentaria, aumentar los precios de los alimentos y afectar los medios de vida de millones de personas. En México, por ejemplo, la producción de maíz y otros granos básicos podría verse comprometida, lo que afectaría tanto el consumo interno como las exportaciones.
Además, la crisis climática ya está ejerciendo presión sobre los sistemas agrícolas, y un super El Niño podría agravar la situación. Los pequeños agricultores, que a menudo carecen de recursos para adaptarse, son los más vulnerables.
Prácticas agrícolas para mitigar el impacto
Afortunadamente, existen prácticas agrícolas que pueden ayudar a los cultivos a resistir mejor las condiciones extremas. Investigaciones recientes han demostrado que mantener raíces en el suelo durante todo el año, ya sea mediante cultivos de cobertura o plantas perennes, puede aumentar la capacidad del suelo para absorber y retener agua, actuando como una esponja.
Un estudio de las investigadoras Andrea Basche y Marcia DeLonge encontró que estas prácticas aumentan el espacio entre las partículas del suelo en un 8%, lo que permite que el agua se mueva más fácilmente. Esto puede traducirse en un 16% más de agua disponible para las plantas durante las sequías. Además, los cultivos de cobertura pueden aumentar la infiltración de las lluvias en un 35% y las plantas perennes en un 59%, lo que ayuda a absorber eventos de lluvia intensa de hasta una pulgada por hora.
Estos beneficios no solo protegen los cultivos, sino que también reducen el riesgo de inundaciones aguas abajo, funcionando como una forma de infraestructura verde. Por ejemplo, si un tercio de las tierras de cultivo de Iowa adoptara estas prácticas, se reduciría la escorrentía y la frecuencia de inundaciones en una quinta parte durante los años particularmente húmedos.
Ejemplos de prácticas resilientes
- Plantar árboles frutales y de nueces en hileras entre cultivos anuales.
- Usar arbustos de bayas como setos en los bordes de los campos.
- Experimentar con granos perennes de nuevo desarrollo.
- Pastorear ganado en pastizales perennes.
- Sembrar franjas de pradera nativa entre hileras de maíz y soya, lo que reduce la pérdida de sedimentos en un 95%, según investigadores de la Universidad Estatal de Iowa.
El obstáculo económico: el seguro de cultivos
A pesar de los beneficios a largo plazo, muchos agricultores no adoptan estas prácticas debido a que el sistema de seguro de cultivos en Estados Unidos incentiva la siembra de cultivos tradicionales como maíz, soya, trigo y algodón. Estos cultivos reciben generosos subsidios, lo que significa que los agricultores pueden perder toda la cosecha y aún así salir adelante. En cambio, cultivos como las bayas de saúco o las avellanas tienen un respaldo limitado a través del programa Whole Farm Revenue Protection, que muchos consideran inadecuado.
Además, las plantas perennes tardan años en madurar y producir alimentos, durante los cuales los agricultores necesitan otras fuentes de ingresos. Esta situación crea una barrera económica que desalienta la adopción de prácticas más resilientes.
La oportunidad legislativa: la ley agrícola
En Estados Unidos, el Congreso está negociando los detalles de la ley agrícola (farm bill), una oportunidad única en una década para invertir en la resiliencia del sistema alimentario. Dentro de esta legislación se encuentran programas que apoyan a los agricultores que desean adoptar cultivos de cobertura y plantas perennes, como el Conservation Stewardship Program y el Environmental Quality Incentives Program.
Sin embargo, hasta ahora, los republicanos del Senado han insistido en reducir el financiamiento para estos programas y no han considerado una reforma más profunda del seguro de cultivos, lo que ha estancado el avance de la ley. A pesar de ello, los expertos esperan que el super El Niño sirva como un recordatorio de la necesidad de invertir en la resiliencia de la agricultura.
¿Qué significa esto para México y América Latina?
Si bien la ley agrícola es una medida específica de Estados Unidos, sus implicaciones trascienden fronteras. La estabilidad de la producción agrícola en Estados Unidos afecta los precios internacionales de los alimentos y el comercio global. Para México y América Latina, es crucial estar preparados para enfrentar los impactos del super El Niño y considerar la adopción de prácticas agrícolas resilientes.
Los gobiernos de la región podrían incentivar la investigación y la implementación de cultivos de cobertura y plantas perennes, así como desarrollar sistemas de seguro agrícola que reconozcan los beneficios a largo plazo de estas prácticas. La cooperación internacional y el intercambio de conocimientos también serán fundamentales para enfrentar este desafío común.
Conclusión
El super El Niño representa una amenaza seria para la seguridad alimentaria en México, América Latina y el mundo. Sin embargo, existen soluciones basadas en la naturaleza que pueden aumentar la resiliencia de los sistemas agrícolas. La clave está en mantener raíces en el suelo durante todo el año, ya sea mediante cultivos de cobertura o plantas perennes, y en crear incentivos económicos y políticos para que los agricultores adopten estas prácticas. La crisis climática exige acciones audaces y colaborativas; el momento de actuar es ahora.

