China llega a la cumbre climática COP31, que se celebrará en Turquía, con una agenda que combina la defensa del multilateralismo, la promoción de un sistema comercial abierto para tecnologías limpias y la exigencia de mayor financiamiento climático para las naciones en desarrollo. Así lo anticiparon expertos consultados, quienes coinciden en que Pekín buscará proyectarse como un líder global en la materia sin ceder su posición como potencia manufacturera de tecnología verde.
La cumbre, que se realizará en Turquía, aún no tiene fechas confirmadas en la información disponible, pero se espera que reúna a los principales actores de la política climática mundial. En este contexto, las señales que envíe China serán clave para el éxito de las negociaciones, especialmente para América Latina, una región que depende del financiamiento internacional y de la transferencia tecnológica para avanzar en su propia transición energética.
Un multilateralismo con sello chino
Durante una reciente conferencia de prensa, el viceministro de Medio Ambiente de China, Li Gao, subrayó la necesidad de “defender el multilateralismo” y enviar una “señal política clara” de que la comunidad global está unida en la acción climática. También se comprometió a abogar por un sistema comercial “abierto y eficiente” que “facilite” la adopción de tecnologías de energía limpia.
Para Li, es fundamental “abordar los esfuerzos insuficientes de reducción de emisiones por parte de los países desarrollados y el apoyo financiero inadecuado” a las naciones en desarrollo. Estas declaraciones reflejan la posición histórica de China en las negociaciones climáticas, donde ha insistido en que los países ricos deben liderar tanto en mitigación como en financiamiento.
En la COP30 del año pasado, China contribuyó a asegurar un “diálogo” sobre “medidas comerciales unilaterales” relacionadas con el clima, así como un “programa de trabajo” de dos años sobre financiamiento climático. Además, promovió la cooperación sur-sur y coorganizó una cumbre sobre metano junto con Brasil y el Reino Unido.
Comercio y tecnologías limpias: el eje de la estrategia
Los expertos anticipan que China utilizará la COP31 para insistir en la eliminación de barreras comerciales que afectan a sus exportaciones de paneles solares, baterías y vehículos eléctricos. Según Li Shuo, director del centro climático de Asia Society Policy Institute, “la máxima prioridad de China en la COP31 será defender el multilateralismo”, pero con un matiz distintivo: aprovechar el escenario para oponerse al unilateralismo y promover un sistema comercial internacional abierto y justo.
“Los funcionarios chinos pueden nuevamente aprovechar la COP para oponerse al unilateralismo y promover un sistema comercial internacional abierto y justo, reflejando la persistente frustración de Pekín con los aranceles y otras medidas que han inhibido el flujo global de tecnologías limpias chinas”, señaló Li Shuo.
Una incógnita es si China impulsará un punto dedicado al comercio en la agenda formal o si utilizará los espacios existentes. En la COP30, los resultados en materia comercial, impulsados por China, se relegaron en su mayoría a reuniones técnicas de mitad de año.
Por su parte, Ma Jun, fundador del Instituto de Asuntos Públicos y Ambientales, considera que China quiere que la COP31 reafirme la confianza en la cooperación climática multilateral y traduzca los compromisos en acciones. “Con el riesgo de sobrepasar 1.5 °C casi inevitable, espero que China busque una entrega más clara de financiamiento climático para los países en desarrollo; fomente reducciones de gases de efecto invernadero potentes y de vida corta como el metano; apoye una transición justa; y destaque las barreras comerciales que afectan a las tecnologías limpias”, afirmó.
Financiamiento climático: promesas y silencios
China ha sido un actor clave en las discusiones sobre financiamiento. En la COP29, el viceprimer ministro Ding Xuexiang informó que China ha proporcionado y movilizado más de 177 mil millones de yuanes (aproximadamente 26,500 millones de dólares) en financiamiento climático para países en desarrollo desde 2016. Sin embargo, desde entonces Pekín no ha emitido nuevas actualizaciones cuantitativas.
Li Shuo señala que, ante la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, los funcionarios chinos están ansiosos por la presión adicional que puedan recibir. “China puede estar feliz de dejar que otros países en desarrollo impulsen esta agenda mientras actúa como intermediario en la etapa final para asegurar que sus propios intereses estén protegidos”, agregó.
Los expertos coinciden en que China buscará claridad sobre las vías de implementación de los objetivos existentes, incluidas las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés) y la meta de financiamiento climático de 300 mil millones de dólares.
Electrificación y transición energética: ¿liderazgo o cautela?
La presidencia de la COP31 ha propuesto una iniciativa de electrificación global, y los expertos observarán de cerca la respuesta china. Li Shuo, de Greenpeace East Asia, espera que China continúe impulsando la integración de perspectivas comerciales en las negociaciones climáticas. “El nuevo plan quinquenal de China sobre acción climática prevé un papel de liderazgo constructivo en la gobernanza climática global, llamando específicamente al manejo adecuado de los temas comerciales climáticos y al libre flujo de productos bajos en carbono”, indicó.
China ve cada vez más la diplomacia climática a través de la lente de la diplomacia de energía limpia, aprovechando su fortaleza industrial en renovables, vehículos eléctricos, baterías e infraestructura de red. Si bien debería recibir con beneplácito una iniciativa global de electrificación que amplíe los mercados exteriores, probablemente siga reacia a vincular estos objetivos con compromisos de transición away de los combustibles fósiles.
Para Ryna Cui, profesora asociada de investigación de la Universidad de Maryland, no hay mucho en la agenda formal de negociación de este año. “El tema central seguirá enfocado en la implementación y la entrega, en lo que creo que China tiene fuertes intereses”, dijo. Esto se debe tanto al progreso interno en la transición energética como a las oportunidades económicas en el extranjero para apoyar la implementación de otros países con tecnologías limpias chinas de bajo costo.
Cui también destacó que, a medida que China alcanza su pico de carbón y petróleo, podría abrirse espacio para un mayor interés y liderazgo en la agenda global de “transición away de los combustibles fósiles”. Esto no ocurriría inmediatamente mediante negociaciones gubernamentales formales, sino más probablemente a través de compromisos bilaterales y multilaterales más amplios.
La sombra de la ambición doméstica
A pesar de su retórica, la acción interna de China ha generado dudas. Según el profesor David Doak Barnett de la Universidad Johns Hopkins, China parece más interesada en luchar en el extranjero contra los aranceles “injustos” a estos productos que en demostrar su eficacia acelerando la adopción de la revolución tecnológica verde en casa.
“La expansión de renovables de China se ha desacelerado dramáticamente en 2026, mientras que las nuevas plantas de energía a carbón y las instalaciones de productos químicos a base de carbón continúan construyéndose. El gobierno chino ha restringido a las empresas la exportación de sus mejores innovaciones de fabricación al construir fábricas en el extranjero”, señaló.
Este contraste plantea interrogantes sobre la coherencia entre el discurso internacional de China y sus políticas domésticas. Para los expertos, el liderazgo climático está en juego y observarán si Pekín juega sus cartas y demuestra que son una mano ganadora.
Implicaciones para América Latina
La posición de China en la COP31 tendrá repercusiones directas para México y América Latina. Por un lado, la región podría beneficiarse de un mayor financiamiento climático y de la transferencia de tecnologías limpias asequibles. Por otro, las tensiones comerciales en torno a los aranceles a los productos chinos podrían afectar las cadenas de suministro y los precios de los equipos renovables.
Además, la defensa china de la cooperación sur-sur y su énfasis en la responsabilidad de los países desarrollados resuenan con las demandas históricas de América Latina en las negociaciones climáticas. Sin embargo, la falta de nuevos compromisos cuantitativos de financiamiento por parte de China deja abierta la pregunta de si el país asiático está dispuesto a asumir un papel más protagónico en la materia.
La COP31 en Turquía será, sin duda, un termómetro del pulso geopolítico en torno a la acción climática y del lugar que China aspira a ocupar en él.

