Chimpancés revelan por qué los humanos coleccionamos cristales desde hace 780,000 años

Imagen ilustrativa
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Un nuevo estudio científico ha revelado que los chimpancés sienten una notable atracción por los cristales, prefiriéndolos sobre piedras comunes y examinándolos con intensa curiosidad. Este hallazgo sugiere que la fascinación humana por los cristales podría tener raíces evolutivas profundas, anteriores incluso a cualquier uso práctico.

El experimento con chimpancés

Investigadores de la Universidad de Oxford presentaron a un grupo de chimpancés una selección de cristales naturales y piedras ordinarias. Los primates mostraron una clara preferencia por los cristales, dedicando más tiempo a manipularlos, observarlos y golpearlos suavemente. Este comportamiento refleja una curiosidad innata hacia objetos con propiedades visuales y táctiles inusuales.

Implicaciones para la evolución humana

Los arqueólogos han encontrado cristales en yacimientos de homínidos de hasta 780,000 años de antigüedad, mucho antes de que se les atribuyera un uso funcional claro. El estudio sugiere que la atracción por estos minerales podría ser un rasgo compartido con otros primates, indicando una predisposición biológica a prestar atención a objetos brillantes, simétricos o de textura peculiar.

“Los cristales no tenían un valor práctico obvio para los primeros humanos, pero los coleccionaban igual”, explica la Dra. Sarah Johns, autora principal del estudio. “Nuestros experimentos con chimpancés indican que esta fascinación podría ser heredada de un ancestro común, anterior incluso a la aparición del género Homo.”

Una ventana al pasado

El hallazgo abre nuevas preguntas sobre cómo los primeros humanos percibían el mundo. La recolección de cristales podría haber sido una forma temprana de comportamiento estético o incluso espiritual. “Los chimpancés no tienen un uso práctico para los cristales, pero los eligen una y otra vez. Esto sugiere que hay algo intrínsecamente atractivo en ellos”, añade Johns.

¿Qué hace especial a un cristal?

Los cristales poseen propiedades únicas: brillo, transparencia, formas geométricas regulares y, en algunos casos, colores vivos. Estas características podrían haber estimulado los sistemas sensoriales de los primates, generando una respuesta de atención y recompensa. En la naturaleza, objetos similares (como ciertas frutas o minerales) suelen ser señales de recursos valiosos, lo que podría explicar la atracción.

El estudio también plantea que la recolección de cristales pudo ser un precursor del coleccionismo humano, una actividad que hoy vemos en ámbitos como el arte, la numismática o los objetos de lujo. “El impulso de recolectar objetos inusuales parece estar profundamente arraigado en nuestro linaje”, concluye Johns.

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