¿Te has sentido alguna vez con la pila baja en el trabajo? Esa sensación de estar quemado, no solo físicamente, sino mental y emocionalmente, tiene un nombre: burnout. Y aunque por mucho tiempo se le consideró un asunto individual o de “mala vibra” en la oficina, hoy sabemos que es un problema que está costando mucho dinero, más de lo que imaginas. Prepárate, porque esta situación ya no es un chismecito entre compañeros, es un reto estratégico que las empresas deben tomar muy en serio, no solo por el bienestar de su gente, sino por su propia supervivencia económica.
Imagina que el estrés laboral fuera una enfermedad crónica. Pues bien, según datos revelados por la consultora EY (antes Ernst & Young), el agotamiento en el trabajo está generando pérdidas millonarias: ¡más de 355 mil millones de dólares anuales solo en empresas de EE. UU.! Esta cifra es tan impactante que supera el costo asociado a enfermedades como el Alzheimer. Pero no hablamos solo de dinero; el burnout también trae consigo consecuencias serias para la salud, desde mayor riesgo de enfermedades cardíacas y trastornos mentales, hasta un incremento preocupante en el riesgo de suicidio. Además, existe un fenómeno más silencioso, el “quiet cracking”, donde los empleados parecen estar bien por fuera, cumpliendo con sus tareas, pero por dentro están lidiando con altos niveles de estrés y una desconexión profunda. Este desgaste silencioso es una señal de alerta, pues demuestra que las encuestas de “engagement” tradicionales se quedan cortas.
Ante este panorama, que nos obliga a repensar la forma en que trabajamos, las empresas no pueden seguir usando las métricas de siempre. Frank Giampietro, director de bienestar de EY para las Américas, subraya que las viejas herramientas no capturan la complejidad del agotamiento moderno. Por eso, EY ha dado un paso adelante y ha desarrollado el “Vitality Index”. Esta herramienta innovadora no es solo un termómetro más; combina múltiples dimensiones de la experiencia del empleado, considerando tanto su vida laboral como personal. Su objetivo es claro: pasar de simplemente “apagar incendios” a construir ecosistemas de bienestar sostenibles que realmente fortalezcan a la fuerza laboral. Esta iniciativa refleja una tendencia global: el bienestar ya no es un extra bonito, sino un pilar fundamental del modelo de negocio. Demostrar el retorno económico de invertir en el bienestar es clave, porque al final del día, no hay rendimiento sostenible sin que la gente esté bien.
El agotamiento laboral es una señal inequívoca de que la relación entre empresas y personas necesita una revisión profunda. La salud psicológica y emocional de los equipos es tan crítica para el éxito como la innovación o las ventas. Invertir en el bienestar no es un gasto, es una inversión estratégica que asegura un futuro más productivo, resiliente y, sobre todo, humano. Al final, un equipo que se siente bien, trabaja mejor. Y eso, querido lector, vale oro.

