En las costas de Ghana, una criatura antigua y extraña lucha por sobrevivir. El pez guitarra, con cuerpo de raya y cola de tiburón, es una especie que ha habitado los océanos desde tiempos prehistóricos. Sin embargo, sus aletas, muy codiciadas en el comercio internacional, y su carne, considerada un manjar local, lo han llevado al borde de la extinción. Frente a esta crisis, el biólogo marino Issah Seidu ha desarrollado una solución innovadora: convencer a las comunidades pesqueras de que cambien sus redes por granjas de caracoles gigantes.
El pez guitarra: un indicador de salud oceánica
El pez guitarra pertenece al grupo de las rayas, pero su forma alargada y sus aletas pectorales fusionadas con la cabeza le dan una apariencia única. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasifica como una “especie indicadora”, cuyo estado refleja la salud general del ecosistema marino. Lamentablemente, más de la mitad de las especies de pez guitarra están en peligro crítico de extinción, según la Lista Roja de la UICN. Su lenta maduración y su baja tasa de reproducción anual los hacen especialmente vulnerables a la sobrepesca.
La amenaza de la pesca costera
En África Occidental, la pesca artesanal es una fuente vital de sustento, pero también representa una amenaza directa para el pez guitarra. Las redes de arrastre y las líneas de pesca capturan a estos animales de manera incidental, y su carne se vende en mercados locales. Además, sus aletas, conocidas como “aletas de tiburón”, se exportan a Asia para sopas de lujo. La combinación de demanda local e internacional ha diezmado sus poblaciones.
La solución: granjas de caracoles gigantes
Issah Seidu, biólogo marino de la Universidad de Ghana, propuso un cambio radical: en lugar de depender de la pesca del pez guitarra, las comunidades costeras podrían criar caracoles gigantes africanos (Achatina fulica). Estos caracoles son fáciles de mantener, crecen rápido y tienen un alto valor nutricional y comercial. Además, su cría no daña el medio ambiente marino.
Cómo funciona el proyecto
Seidu ha trabajado directamente con pescadores en varias aldeas de Ghana, ofreciendo capacitación y recursos para establecer granjas de caracoles. El proceso incluye:
- Construcción de recintos protegidos con malla para evitar depredadores.
- Alimentación con restos de vegetales y hojas, lo que reduce costos.
- Cosecha cada 6-8 meses, generando ingresos estables.
- Comercialización en mercados locales y regionales como fuente de proteína alternativa.
Hasta ahora, más de 200 familias han participado en el programa, y los resultados son prometedores: las capturas de pez guitarra han disminuido en las zonas donde opera el proyecto, mientras que los ingresos de los pescadores se han mantenido o incluso aumentado.
Beneficios ecológicos y económicos
La cría de caracoles gigantes no solo alivia la presión sobre el pez guitarra, sino que también ofrece ventajas ecológicas adicionales. Los caracoles se alimentan de materia orgánica en descomposición, ayudando a reciclar nutrientes. Además, su cultivo requiere menos agua y espacio que la ganadería tradicional, y produce menos emisiones de gases de efecto invernadero.
Un modelo replicable
El éxito del proyecto ha llamado la atención de organizaciones conservacionistas internacionales. Seidu espera que su modelo pueda replicarse en otros países de África Occidental donde el pez guitarra está amenazado, como Senegal, Costa de Marfil y Nigeria. “No se trata solo de salvar una especie”, explica Seidu. “Se trata de demostrar que la conservación y el desarrollo económico pueden ir de la mano”.
Desafíos y futuro
A pesar de los avances, el proyecto enfrenta obstáculos. Algunos pescadores se muestran escépticos ante el cambio, y la falta de infraestructura en las aldeas dificulta la distribución de los caracoles. Además, se necesita financiamiento continuo para expandir la capacitación y los insumos. Sin embargo, Seidu es optimista: “Cada granja de caracoles que establecemos es una red menos en el mar para el pez guitarra”.
La historia de Issah Seidu es un recordatorio de que, a veces, las soluciones más efectivas son las más simples. Al ofrecer una alternativa sostenible, este biólogo marino está dando al pez guitarra una segunda oportunidad.

