La conversación sobre la inteligencia artificial (IA) suele centrarse en la capacidad de cómputo, la demanda de chips y los crecientes requerimientos de energía. Sin embargo, otro recurso natural es esencial para el avance de la IA y la digitalización: el agua. De acuerdo con un análisis de Janus Henderson Investors, el agua utilizada para el enfriamiento, las extracciones asociadas a la generación de electricidad y el estrés hídrico local surgen tanto como restricciones operativas reales como motor estructural de oportunidades de inversión.
En América Latina el tema ya es tangible. En Chile, un proyecto de centro de datos fue retirado y reformulado tras un fallo ambiental por el uso de aguas subterráneas, lo que evidencia cómo este recurso ya está definiendo dónde y cómo se construyen estas infraestructuras.
Los centros de datos utilizan agua principalmente a través de sistemas de enfriamiento que retiran el calor de los servidores y otros equipos. El enfriamiento evaporativo suele ser el preferido por su efectividad y mayor eficiencia energética, aunque plantea un dilema real entre energía y agua, ya que parte del agua se pierde por evaporación. Esta tensión es más relevante a medida que aumentan las cargas de trabajo de IA, que requieren una infraestructura de mayor densidad, en particular con unidades de procesamiento gráfico (GPU), y generan más calor, lo que aumenta las necesidades de enfriamiento.
Una investigación del Laboratorio Nacional de Berkeley estima que el uso directo de agua de los centros de datos en Estados Unidos podría aumentar entre dos y cuatro veces para 2028 respecto a los niveles de 2023, a medida que se expande la infraestructura vinculada a la IA.
Además, existe un consumo indirecto de agua a través de la generación de electricidad que alimenta los centros de datos, y esta huella puede ser incluso más significativa que la del enfriamiento directo. Se estima que el uso indirecto de agua asociado a la generación eléctrica podría representar hasta el 75% de la huella hídrica total de un centro de datos. Esto es relevante porque la generación eléctrica de muchos sistemas aún depende en gran medida de las plantas térmicas, que utilizan volúmenes considerables de agua para enfriarse. En Estados Unidos, por ejemplo, la generación eléctrica representa alrededor del 40% de las extracciones totales de agua.
Una mayor participación de energías renovables variables, como la eólica y la solar, podría reducir de forma importante la demanda indirecta de agua, aunque algunas tecnologías de bajas emisiones, como la geotérmica, la biomasa y la captura de carbono, siguen siendo intensivas en agua.
