Un potencial El Niño récord se está desarrollando en un contexto donde las temperaturas oceánicas globales se mantienen en niveles sin precedentes (ver Nature 653, 990–991; 2026). El peligro podría residir menos en la magnitud del evento en sí y más en la sincronización de las perturbaciones climáticas. Sobre un fondo de calor oceánico persistente, los efectos impulsados por El Niño, que antes se desarrollaban de forma más secuencial, ahora se superponen cada vez más entre regiones y sectores.
¿Qué hace diferente a este El Niño?
Los océanos del mundo han estado absorbiendo la mayor parte del calor adicional atrapado por los gases de efecto invernadero. Este calor oceánico acumulado actúa como un combustible adicional para los fenómenos climáticos extremos. Cuando un El Niño fuerte se superpone a este océano ya caliente, los patrones climáticos típicos —como sequías en algunas regiones e inundaciones en otras— pueden intensificarse y ocurrir simultáneamente, en lugar de en secuencia.
Impactos simultáneos en agricultura y recursos hídricos
Por ejemplo, mientras que en años anteriores una sequía en Australia podía ocurrir en una estación diferente a las inundaciones en América del Sur, ahora ambos eventos podrían darse al mismo tiempo. Esto afecta la producción global de alimentos: el maíz en Estados Unidos, el trigo en Australia y el arroz en el sudeste asiático podrían sufrir pérdidas concurrentes, elevando los precios y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria.
Riesgos para la infraestructura y la salud
La sincronización también afecta a la infraestructura energética y de salud. Las olas de calor marinas, exacerbadas por El Niño, pueden dañar los ecosistemas marinos y la pesca. Al mismo tiempo, los incendios forestales en Indonesia y la Amazonía podrían intensificarse, afectando la calidad del aire en todo el mundo. Los sistemas de salud podrían verse abrumados por enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, que se expanden con el clima cálido y húmedo.
La advertencia de la ciencia
Un artículo publicado en Nature 654, 834 (2026) destaca que, aunque la magnitud de este El Niño es incierta, la combinación con el calentamiento global de fondo hace que los riesgos sean mayores de lo que sugieren los modelos históricos. Los autores instan a los gobiernos y organizaciones a prepararse para impactos múltiples y simultáneos, en lugar de eventos aislados.
La comunidad científica pide una mayor inversión en sistemas de alerta temprana y en infraestructura resiliente. Mientras tanto, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo la única solución a largo plazo para evitar que estos eventos se vuelvan aún más peligrosos.

