La NASA ha revelado imágenes satelitales que muestran una enorme ola de agua cálida, de cientos de kilómetros de longitud, desplazándose a través del Océano Pacífico ecuatorial. Este fenómeno, conocido como onda Kelvin, es un claro indicador de la formación de un evento de El Niño excepcionalmente fuerte, con potencial para desencadenar impactos climáticos significativos a nivel global.
¿Qué es una onda Kelvin y cómo se relaciona con El Niño?
Las ondas Kelvin son ondas oceánicas que se desplazan de oeste a este a lo largo del ecuador, impulsadas por cambios en los vientos alisios. Cuando estos vientos se debilitan, permiten que el agua cálida acumulada en el Pacífico occidental se desplace hacia el este, elevando las temperaturas superficiales del mar en la región central y oriental. Este calentamiento es la esencia de El Niño, un patrón climático que altera los regímenes de lluvia y temperatura en todo el planeta.
El satélite Sentinel-6 Michael Freilich, una misión conjunta de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), detectó esta onda Kelvin en noviembre de 2023. Los datos muestran una mancha de agua más cálida de lo normal, de aproximadamente 800 kilómetros de ancho, moviéndose hacia la costa de Sudamérica. Según los científicos, esta es la onda Kelvin más grande y más cálida registrada en décadas, lo que sugiere que el actual evento de El Niño podría superar en intensidad a los de 1997-1998 y 2015-2016.
Implicaciones climáticas globales
Un El Niño fuerte tiene consecuencias de gran alcance. En América del Norte, suele provocar inviernos más húmedos en el sur de Estados Unidos y sequías en el noroeste del Pacífico. En Sudamérica, puede causar lluvias torrenciales en la costa oeste, mientras que en Australia y el sudeste asiático se esperan sequías severas. Además, El Niño contribuye al aumento de las temperaturas globales, ya que libera calor almacenado en el océano hacia la atmósfera.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ya ha advertido que es probable que 2024 sea uno de los años más cálidos registrados, debido a la combinación de El Niño y el cambio climático inducido por el hombre. Los científicos también están monitoreando posibles impactos en los arrecifes de coral, la pesca y la agricultura.
La tecnología satelital como herramienta de alerta temprana
Satélites como Sentinel-6 Michael Freilich son fundamentales para predecir y monitorear El Niño. Miden la altura de la superficie del mar con una precisión de centímetros, lo que permite detectar cambios en el calor oceánico. Estos datos alimentan modelos climáticos que ayudan a los gobiernos y organizaciones a prepararse para fenómenos extremos.
“Esta es una señal clara de que El Niño se está fortaleciendo”, afirmó Josh Willis, científico del proyecto Sentinel-6 en la NASA. “Cuanto más cálida sea el agua, más energía hay disponible para alimentar tormentas y alterar los patrones climáticos”.
¿Qué podemos esperar en los próximos meses?
Los pronósticos indican que El Niño alcanzará su punto máximo entre diciembre de 2023 y febrero de 2024, con una probabilidad superior al 90% de que continúe hasta la primavera del hemisferio norte. Las autoridades de varios países ya están activando protocolos de emergencia para mitigar los efectos de inundaciones, sequías y olas de calor.
Para México, un El Niño fuerte suele significar un invierno más seco en el norte y más lluvias en el sur, lo que podría afectar la disponibilidad de agua y la agricultura. Es crucial que la población se mantenga informada a través de fuentes oficiales como el Servicio Meteorológico Nacional.

