En un panorama digital donde la inteligencia artificial parece reservada para gigantes tecnológicos, una tendencia está cambiando las reglas del juego para las pequeñas y medianas empresas en México y Latinoamérica. Se trata del movimiento no-code y low-code, que permite a usuarios sin formación técnica en programación desarrollar aplicaciones y, ahora, agentes de IA personalizados mediante interfaces visuales. Según proyecciones del sector, para 2026, entre el 70% y el 75% de todas las nuevas aplicaciones empresariales se construirán con este tipo de plataformas.
Esta revolución corre en paralelo a la explosión de la inteligencia artificial en la región. Se estima que el mercado de IA en América Latina superará los 154,000 millones de dólares para 2030. En países como Colombia, el 66% de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) ya utiliza IA de alguna forma, y la mitad reporta ahorros significativos de tiempo y mejoras en la productividad. Sin embargo, existe una brecha evidente: mientras la adopción crece, la región apenas capta el 1.12% de la inversión mundial en esta tecnología.
El desafío para las pymes, muchas con baja madurez digital, no es solo adoptar herramientas de IA o sistemas de pago electrónico —otra necesidad crítica, ya que el 70% de las que los usan afirma que no podría operar sin ellos—, sino integrarlas en soluciones únicas y accesibles que resuelvan problemas específicos de su negocio. Aquí es donde el low-code se convierte en un habilitador clave, permitiendo que equipos de mercadotecnia, ventas o administración diseñen sus propias herramientas sin depender eternamente de un departamento de TI.
Una startup que nació “al revés”
En este contexto surge Prometheo, una startup argentina cuyo origen, según cuenta su cofundador Martín Pilossof, fue casi accidental. La inspiración llegó de una lección poco convencional: un jefe de la cervecera Quilmes le mostró cómo un mono abre una banana desde el extremo opuesto al que los humanos suelen hacerlo. Esa idea de “mirar los problemas al revés” quedó grabada y se materializó en el enfoque de la compañía. Prometheo desafía la lógica tradicional al ofrecer una plataforma que permite a las pymes construir sus propios agentes de IA en cuestión de minutos, utilizando bloques visuales y configuraciones sencillas, sin necesidad de escribir una sola línea de código complejo.
Este modelo empodera a los llamados “ciudadanos desarrolladores“, profesionales de cualquier área que pueden automatizar procesos, analizar datos de clientes o crear asistentes virtuales personalizados. Por ejemplo, una tienda minorista podría desarrollar un chatbot que recomiende productos basándose en compras anteriores, o un restaurante podría crear un sistema que optimice el inventario prediciendo la demanda. La promesa es clara: acortar el camino entre la identificación de un problema operativo y la implementación de una solución tecnológica.
Organismos regionales como el Sistema Económico Latinoamericano (SELA) han subrayado la urgencia de cerrar esta brecha digital. Su Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 señala que hasta un 44% de las tareas en las pymes podrían acelerarse con IA. Para fomentar esta adopción, se promueven hackatones y programas de formación que inspiren a empresas y gobiernos a implementar soluciones accesibles. El mercado latinoamericano de plataformas low-code y no-code, por su parte, está en franco crecimiento, con expectativas de superar los 10,148 millones de dólares para 2030.
Para las empresas mexicanas, esta tendencia representa una oportunidad tangible de incrementar su competitividad sin incurrir en costos exorbitantes de desarrollo de software a la medida. En un entorno económico donde la eficiencia es crucial, la capacidad de crear herramientas a la medida, que se integren con sistemas de pago digital y gestionen datos de manera inteligente, puede marcar la diferencia entre crecer o estancarse. La revolución low-code y de IA no es solo un tema para departamentos de tecnología; es una herramienta de supervivencia y crecimiento para el corazón productivo de la región: sus pymes.

