El calor extremo que azota a México no solo eleva la temperatura ambiente, sino que también pone a prueba la capacidad del sistema eléctrico nacional. De acuerdo con un análisis reciente, las temperaturas en la Megalópolis podrían aumentar hasta 3°C por encima de los promedios históricos, mientras que la demanda de electricidad se acerca a los 54 mil megawatts (MW) durante mayo. Esta combinación, advierten expertos, incrementa el riesgo de interrupciones en el suministro y pérdidas económicas para hogares y empresas.
El estudio señala que por cada grado Celsius que sube el termómetro, el consumo eléctrico puede dispararse entre un 4% y un 6%. Esto se debe principalmente al uso intensivo de sistemas de aire acondicionado y refrigeración, que se convierten en una necesidad ante las olas de calor recurrentes. La red nacional, que ya opera al límite en horas pico, enfrenta una presión adicional que podría derivar en apagones localizados o reducciones de voltaje, afectando tanto a zonas residenciales como a sectores productivos.
Frente a este panorama, la pregunta ya no es si la demanda seguirá creciendo, sino qué tan preparadas están las empresas y la infraestructura para sostenerla. Especialistas en energía recomiendan que tanto industrias como comercios y hospitales implementen sistemas de respaldo, como generadores eléctricos, para garantizar la continuidad de sus operaciones críticas. “La previsión energética es clave: contar con un generador confiable puede evitar pérdidas millonarias y mantener funcionando equipos esenciales cuando la red falla”, señala un portavoz del sector.
Además, se sugiere que las compañías realicen auditorías energéticas para identificar picos de consumo y optimizar el uso de electricidad durante las horas de mayor demanda. Medidas como el mantenimiento preventivo de instalaciones eléctricas, la instalación de sistemas de almacenamiento de energía y la adopción de horarios escalonados pueden aliviar la carga sobre la red y reducir el riesgo de cortes. En el ámbito doméstico, los hogares también pueden contribuir evitando el uso simultáneo de electrodomésticos de alto consumo en las horas pico.
El impacto económico de una falla eléctrica prolongada es significativo. Datos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) indican que cada hora sin suministro puede costar a una empresa mediana decenas de miles de pesos en pérdidas de producción, deterioro de productos perecederos y horas laborales no recuperables. En un contexto de cambio climático, donde las olas de calor serán más frecuentes y extremas, la resiliencia del sistema eléctrico se vuelve un tema de seguridad nacional.
En conclusión, la presión térmica que enfrenta México no solo es un fenómeno meteorológico, sino un desafío de planeación energética. La combinación de temperaturas récord, aumento del consumo y una infraestructura que requiere modernización exige que tanto autoridades como sector privado y ciudadanos tomen medidas preventivas. La inversión en generación distribuida, eficiencia energética y sistemas de respaldo no es un lujo, sino una necesidad para evitar que el calor del verano se convierta en un apagón invernal.

