El 25 de noviembre, un jabalí apareció muerto cerca del campus de la Universidad Autónoma de Barcelona, marcando el inicio de una crisis que ha sacudido los cimientos de la industria porcina española. Tres días después, el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete en Madrid confirmó lo que muchos temían: la peste porcina africana había regresado a territorio español. Hoy, con más de 60 casos confirmados, el sector vive en un estado de alerta permanente mientras los precios de la carne de cerdo experimentan una caída histórica que amenaza la viabilidad de miles de productores.
Lo paradójico de esta situación es que, hasta ahora, ninguna granja comercial ha dado positivo al virus. Sin embargo, como bien saben los expertos del sector, en el mundo globalizado de la exportación cárnica, la percepción de riesgo puede ser tan dañina como la realidad biológica. La simple aparición del virus en jabalíes silvestres ha sido suficiente para que numerosos contratos de exportación se congelaran, provocando una reacción en cadena que ha llevado los precios a niveles críticos.
Según cálculos de la Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos, las pérdidas ya superan los 153 millones de euros, equivalent a aproximadamente 3,400 millones de pesos mexicanos al tipo de cambio actual. Los márgenes de ganancia se han reducido en un alarmante 40%, cifra que refleja la gravedad de una crisis que llega en el peor momento posible para un sector que ya enfrentaba múltiples desafíos.
En Mercolleida, principal mercado de referencia para el cerdo vivo en España, los precios han caído hasta aproximadamente 1 euro por kilogramo (equivalente a unos 22 pesos mexicanos), cuando hace apenas un mes cotizaban a 1.20 euros (aproximadamente 26.40 pesos mexicanos). Esta caída representa la peor en tres décadas y simboliza la vulnerabilidad de un sector que, pese a su tamaño e importancia económica, muestra signos evidentes de fragilidad estructural.
Lo más preocupante para los consumidores mexicanos que siguen estas noticias es que esta drástica reducción en los precios mayoristas no se está traduciendo en ahorros en los supermercados. Mientras los productores luchan por sobrevivir con márgenes cada vez más reducidos, el precio final de la carne de cerdo en los puntos de venta apenas ha experimentado variaciones significativas. Esta desconexión entre la realidad del campo y la experiencia del consumidor revela las complejidades de la cadena de suministro y distribución alimentaria.
La crisis actual no se limita al riesgo sanitario, que por cierto es mínimo para los consumidores según todos los expertos. El verdadero problema es sistémico: zonas restringidas que complican el transporte, costos logísticos que se disparan, certificados sanitarios que pierden validez internacional, y exportaciones que quedan suspendidas en un limbo burocrático. Bajar del euro por kilogramo es más que una cifra económica: es un símbolo de que el sector porcino español no ha logrado capear este temporal perfecto que combina desafíos sanitarios, comerciales y estructurales.
Esta crisis llega en un momento particularmente delicado para el sector agropecuario español, que en los últimos meses ha enfrentado una sucesión de desafíos. Cuando no son los problemas vinculados al confinamiento de aves por la gripe aviar, son las dificultades en la dehesa o la preocupante falta de agua que afecta a numerosas regiones. Cada crisis revela las debilidades estructurales de un modelo que, pese a su éxito exportador, muestra signos evidentes de agotamiento.
España se ha consolidado como líder indiscutible del porcino europeo y tercer productor a nivel mundial, un gigante con pies de barro según la expresión que repiten cada vez más analistas. La falta de un plan B se hace evidente cuando examinamos uno de sus problemas principales: el relevo generacional. Miles de explotaciones agropecuarias están al borde de la desaparición simplemente porque nadie quiere hacerse cargo de ellas cuando el dueño actual se jubile.
Esta crisis de sucesión se agrava por el creciente interés de fondos de inversión en el sector, un fenómeno que preocupa a muchos expertos. En un país con casi tantos cerdos como personas (la ratio es de aproximadamente 0.9 cerdos por habitante), la posibilidad de que la producción porcina quede en manos de actores financieros más interesados en rentabilidad a corto plazo que en sostenibilidad a largo plazo genera profundas preocupaciones sobre el futuro del sector.
La situación actual plantea preguntas fundamentales sobre la resiliencia de nuestros sistemas alimentarios. ¿Cómo podemos construir cadenas de suministro más robustas que resistan crisis sanitarias? ¿Qué mecanismos pueden implementarse para que las fluctuaciones de precios en origen se traduzcan de manera más justa en los precios finales? ¿Cómo asegurar la viabilidad futura de un sector estratégico mientras enfrentamos desafíos como el cambio climático y la transición hacia modelos más sostenibles?
Para México, que también cuenta con una importante industria porcina, la experiencia española ofrece valiosas lecciones. La necesidad de diversificar mercados de exportación, fortalecer los controles sanitarios en fauna silvestre, desarrollar planes de contingencia para crisis sanitarias, y trabajar en la transparencia de la cadena de valor son aspectos que adquieren nueva urgencia a la luz de los eventos en Europa.
Mientras tanto, los productores españoles enfrentan lo que muchos han llamado “el momento de la verdad” para el cerdo español. La capacidad del sector para superar esta crisis no solo determinará el futuro de miles de empleos y explotaciones, sino que también enviará una señal importante sobre la viabilidad del modelo agroindustrial europeo en un mundo cada vez más volátil e interconectado.
Lo que comenzó con un jabalí muerto cerca de Barcelona se ha convertido en una prueba de estrés para todo un sector económico. Los próximos meses dirán si el gigante porcino español tiene la fortaleza para resistir esta tormenta perfecta, o si, como temen muchos, estamos presenciando el inicio de una transformación profunda que redefinirá la producción de carne de cerdo en Europa y más allá.

