Indonesia enfrenta una creciente amenaza ambiental: los incendios en turberas, que arden bajo la superficie y son especialmente peligrosos. Durante la temporada de incendios de 2026, estos fuegos se han adelantado y multiplicado debido a un El Niño fortalecido y una sequía severa que seca los humedales, permitiendo que el fuego se propague bajo tierra durante meses.
¿Qué son los incendios de turbera y por qué son tan destructivos?
Las turberas son ecosistemas formados por capas de materia orgánica parcialmente descompuesta, rica en carbono. Cuando se secan, se convierten en combustible ideal para incendios que se extienden lentamente bajo la superficie. A diferencia de los incendios forestales típicos, estos fuegos subterráneos son difíciles de detectar y apagar, y pueden permanecer activos durante meses, incluso bajo la lluvia.
La destrucción que causan es enorme: liberan grandes cantidades de partículas finas (PM2.5) y otros contaminantes como monóxido de carbono y metano, muy superiores a los de un incendio forestal convencional. Además, el humo denso que generan puede bloquear la visión de los satélites, dificultando su monitoreo.
El contexto climático: El Niño y la sequía
El fenómeno de El Niño, que se ha intensificado en los últimos años, provoca condiciones más secas en Indonesia. La sequía resultante reduce los niveles de agua en los humedales, dejando al descubierto la turba, que se vuelve altamente inflamable. Esta combinación ha llevado a un aumento temprano de los incendios en la temporada de 2026.
Los expertos señalan que el cambio climático está exacerbando estos eventos, creando un círculo vicioso: los incendios liberan enormes cantidades de carbono, contribuyendo al calentamiento global, que a su vez provoca más sequías e incendios.
Impacto en la salud y el medio ambiente
Las partículas finas liberadas por estos incendios penetran profundamente en los pulmones y el torrente sanguíneo, causando problemas respiratorios y cardiovasculares. En países vecinos como Malasia y Singapur, el humo transfronterizo ha provocado alertas de salud pública en años anteriores.
Además, la destrucción de las turberas libera siglos de carbono almacenado, agravando la crisis climática. La biodiversidad también sufre: muchas especies endémicas pierden su hábitat.
Desafíos para la detección y extinción
Los incendios subterráneos son extremadamente difíciles de combatir. Los métodos tradicionales, como el agua o los retardantes, a menudo resultan ineficaces porque el fuego se encuentra en capas profundas. Se requieren técnicas especializadas, como la inyección de agua a presión o la construcción de zanjas para aislar el fuego.
La detección satelital también es complicada: el humo denso y la naturaleza subsuperficial del fuego dificultan la identificación precisa de los focos. Esto retrasa la respuesta y permite que los incendios se expandan.
Esfuerzos de mitigación y prevención
El gobierno indonesio ha implementado programas para restaurar las turberas, bloqueando canales de drenaje para mantener la humedad. También se han establecido sistemas de alerta temprana y se han desplegado equipos de bomberos especializados. Sin embargo, la magnitud del problema supera los recursos disponibles.
Organizaciones internacionales y científicos piden mayor cooperación global para monitorear y combatir estos incendios, así como para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que alimentan el ciclo.
Perspectivas futuras
Con el cambio climático intensificándose, se espera que los incendios de turbera sean más frecuentes y severos. La clave está en la prevención: mantener los humedales húmedos, restaurar los ecosistemas degradados y promover prácticas agrícolas sostenibles que no requieran quemas.
La comunidad científica enfatiza la necesidad de inversión en tecnología de detección y en estrategias de manejo del fuego adaptadas a estos incendios subterráneos. Solo así se podrá reducir su impacto devastador en la salud, el clima y la biodiversidad.

