En la era de las redes sociales, los insultos evolucionan rápidamente. La Generación Z ha encontrado en la palabra ‘poliéster’ una nueva forma de descalificar, asociándola con lo falso, lo barato y lo poco auténtico. Pero, ¿sabías que este uso no es nuevo? De hecho, tiene casi medio siglo de historia. Acompáñanos a descubrir el fascinante recorrido de esta tela que pasó de ser un ‘milagro’ a un sinónimo de cursilería.
¿Qué significa realmente ‘poliéster’?
El poliéster es un tejido sintético derivado del petróleo, creado a partir de tereftalato de polietileno (PET), el mismo material de las botellas de plástico. Su producción implica fundir el material y extrudirlo en hilos finos. Aunque hoy es el tejido más utilizado en el mundo, su reputación ha fluctuado drásticamente a lo largo de las décadas.
El origen del insulto: de la maravilla a la vergüenza
En los años 50 y 60, el poliéster fue aclamado como un tejido ‘milagroso’. Su resistencia a las arrugas y su secado rápido prometían liberar a las amas de casa de la plancha. La era del ‘plástico fantástico’ estaba en pleno apogeo, y las empresas químicas promovían los materiales sintéticos como sinónimo de modernidad y durabilidad.
Sin embargo, a medida que el poliéster se volvió más barato y su producción se disparó, la novedad se desvaneció. En la década de 1970, con el auge del movimiento ecologista y la búsqueda de una vida más ‘natural’, el poliéster comenzó a asociarse con lo artificial y lo de mal gusto. Los trajes brillantes que antes lucían modernos, ahora parecían vulgares.
El poliéster en la cultura popular
El cine y la literatura reflejaron esta caída en desgracia. En 1981, la película ‘Polyester’ de John Waters explotó las connotaciones cursis del tejido, con un protagonista que vestía un traje de poliéster y era dueño de un cine para adultos. La escritora Anneke Smelik, profesora emérita de la Universidad Radboud, señaló que ‘el poliéster y la pornografía: el tejido difícilmente podía hundirse más’.
El resurgimiento del desprecio en la era digital
Hoy, las redes sociales han revivido este desprecio. En TikTok, influencers y usuarios utilizan ‘poliéster’ para criticar a quienes consideran falsos o superficiales. Un video viral muestra a un joven de 18 años imaginando su ‘estilo de vida poliéster’: lentes de luz azul en una cafetería, un agente de Claude haciendo la mitad de su trabajo, y un viaje de negocios a Europa. La imagen se funde con un retrato del Unabomber, sugiriendo una crítica a la vida moderna y artificial.
Pero los lexicógrafos señalan que este uso no es nuevo. El Diccionario Oxford de Inglés documenta ejemplos de 1979 y 1987, como ‘un payaso de poliéster descarado’ o ‘Clifton viste trajes de poliéster y una sonrisa de poliéster’. La connotación de ‘falso’ y ‘de baja calidad’ ya estaba presente.
La paradoja ecológica: ¿es el poliéster tan malo?
La discusión actual sobre el poliéster se centra en su impacto ambiental. Los críticos señalan que es un plástico que libera microplásticos y que su producción genera gases de efecto invernadero. Sin embargo, la comparación con los tejidos ‘naturales’ no es tan simple.
El cultivo de algodón, por ejemplo, requiere enormes cantidades de agua: se necesitan más de 700 galones para producir una sola camiseta. De hecho, la industria algodonera fue un factor clave en la desecación del mar de Aral, que pasó de ser el cuarto lago más grande del mundo a un desierto salino.
Por otro lado, el poliéster es menos intensivo en recursos, pero al estar hecho de petróleo, contribuye al cambio climático. Un informe del Apparel Impact Institute reveló que las emisiones de la industria de la moda aumentaron un 7.5% en 2023 y un 6.3% en 2024, en parte por el aumento en la producción de poliéster.
Más allá del tejido: la complejidad de la moda sostenible
La línea entre lo ‘sintético’ y lo ‘natural’ es más difusa de lo que parece. Todos los tejidos, incluso los naturales, requieren procesos químicos intensivos para convertirse en la tela suave que usamos. Además, la percepción de que el algodón es ‘natural’ y, por tanto, mejor para el medio ambiente, puede llevar a un consumismo sin culpa: ‘al menos no compro poliéster’.
La verdad es que la opción más sostenible es comprar menos y usar la ropa durante más tiempo. La moda rápida, ya sea de poliéster o algodón, sigue siendo un problema enorme.
Conclusión: un debate polarizado
La crítica actual hacia el poliéster refleja una regresión a los debates de los años 70, según Smelik. ‘Es tan desinformado y deja de lado toda la complejidad’, dice. ‘Se vuelve muy polarizado: lo natural es bueno y lo artificial es malo’. En un mundo donde la sostenibilidad es clave, entender los matices de los materiales que vestimos es más importante que nunca.

