La popularidad de los medicamentos conocidos como agonistas del receptor GLP-1, como la semaglutida, para el tratamiento de la obesidad ha crecido exponencialmente. Sin embargo, expertos en salud advierten sobre un riesgo poco discutido: el efecto rebote tras suspender el tratamiento y los peligros de su uso sin la guía de un profesional. El médico bariatra David Montalvo Castro subraya que estos fármacos, aunque efectivos, no son una solución mágica ni definitiva para la pérdida de peso.
Montalvo Castro, presidente del Colegio Mexicano de Cirugía para la Obesidad y Enfermedades Metabólicas, explica que estos medicamentos actúan suprimiendo el apetito y ralentizando el vaciado gástrico, lo que facilita una menor ingesta calórica. No obstante, su mecanismo es farmacológico y temporal. “El gran problema surge cuando el paciente deja el medicamento. Si no se han establecido hábitos alimenticios y de actividad física sólidos, el peso regresa, y a veces con creces. Es el llamado efecto rebote o ‘yo-yo'”, señala el especialista.
El consenso médico es claro y contundente: los GLP-1 deben utilizarse únicamente bajo estricta supervisión médica y como parte de un enfoque integral. Montalvo Castro desglosa la fórmula del éxito a largo plazo: “La estabilidad del peso depende en un 80% de una alimentación adecuada y consciente. El resto se complementa con ejercicio regular, seguimiento médico constante y, en algunos casos específicos, con apoyo farmacológico temporal”. Usarlos sin receta o comprándolos en el mercado informal no solo es ineficaz a la larga, sino peligroso, ya que pueden interactuar con otras condiciones no diagnosticadas o causar efectos secundarios no monitoreados.
El debate se ha intensificado con la creciente demanda y la dificultad para acceder a estos tratamientos de manera regulada. Muchas personas, desesperadas por resultados rápidos, buscan atajos que comprometen su salud. “Estamos viendo casos de personas que los consiguen por recomendación de un amigo o en redes sociales, sin una evaluación de su historial clínico, sin dosificación correcta y sin el acompañamiento nutricional esencial. Es una receta para el fracaso y para poner en riesgo el organismo”, advierte el bariatra.
La conclusión de los expertos es que la obesidad es una enfermedad crónica y compleja que requiere un manejo multifactorial y sostenido. Los medicamentos GLP-1 son una herramienta valiosa dentro del arsenal terapéutico, pero no son la herramienta única. Su prescripción debe estar reservada para casos específicos donde el beneficio supere el riesgo y siempre vinculada a un cambio profundo en el estilo de vida. La meta, recalcan, no es solo bajar de peso, sino aprender a mantenerlo y mejorar la salud metabólica de por vida, algo que ninguna inyección o pastilla puede lograr por sí sola.

