Los incendios forestales, las olas de calor y los fenómenos meteorológicos extremos ya no son noticias de última hora; se han convertido en el telón de fondo permanente de nuestra vida cotidiana. Un año más, enfrentamos los graves efectos de un sistema climático que hemos desestabilizado. Observamos cómo el mundo experimenta extremos climáticos dolorosos y mortales, mientras nuestra respuesta colectiva sigue siendo ‘demasiado poco, demasiado tarde’. Aunque necesitamos esperanza, la esperanza nunca es un plan. Como sociedad global y como ciudadanos de la Tierra, necesitamos urgentemente un cambio tangible en la forma en que nuestros sistemas legales tratan al mundo viviente. Reconocer los derechos universales de la naturaleza es la respuesta.
Una propuesta histórica en la ONU
Con esto en mente, en la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada en Nueva York en septiembre de este año, el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, propuso reconocer los derechos universales de la naturaleza. El objetivo de Panamá es impulsar una Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza de la ONU, para reconocer a la naturaleza como un ‘sujeto de derechos’ directo con valor intrínseco.
Con ese fin, el 24 de septiembre, Panamá, Tonga y Vanuatu lanzaron la Coalición de Estados por la Naturaleza, con Palaos y Dominica entre los miembros fundadores. Esta iniciativa está diseñada para construir diálogo y apoyo en torno a un proceso intergubernamental propuesto para reconocer los derechos de la naturaleza.
La coalición es una plataforma informal, descentralizada y voluntaria en la que los Estados miembros interesados pueden intercambiar experiencias, compartir perspectivas y contribuir a la discusión en curso y al compromiso diplomático sobre la propuesta Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza, como parte del proceso ‘Armonía con la Naturaleza’ de la ONU. Complementa, no reemplaza, las negociaciones intergubernamentales formales en la Asamblea General. Unirse a la coalición no implica el respaldo de ningún marco legal específico, resultado negociado, instrumento futuro o texto. Más bien, significa tomar asiento en la mesa para navegar nuestro futuro compartido en la Tierra.
La insuficiencia de los marcos legales actuales
A medida que el cambio climático y ecológico catastrófico continúa desarrollándose a nuestro alrededor, está claro que los marcos legales existentes no están construidos para detenerlo, ni para proteger adecuadamente a la naturaleza. La mayoría de las leyes ambientales actuales simplemente interponen un informe, un cronograma o un precio en el camino de la destrucción continua y a largo plazo de la naturaleza. Es inaceptable que incluso las corporaciones tengan derechos legales, pero la naturaleza en gran medida no tenga ninguno.
El sistema actual ha reconocido derechos para las corporaciones pero no para los ecosistemas naturales que sostienen la vida y hacen habitable este planeta azul. Es hora de un cambio de paradigma para dar a la naturaleza un estatus igual en los sistemas legales.
Un cambio de paradigma: derechos de la naturaleza
Reconocer los derechos de la naturaleza funcionaría de manera diferente a la ley ambiental convencional. Tales derechos son indispensables porque cambian directamente cómo la sociedad interactúa con la naturaleza. En el futuro, las necesidades de los ecosistemas naturales saludables deben ser consideradas en todos los procesos de toma de decisiones. Esta será una de las formas más efectivas de responsabilizar legal y financieramente a las corporaciones, los gobiernos y las personas por su impacto en la naturaleza.
El marco de derechos de la naturaleza que proponemos incluye muchos principios ecocéntricos que ayudan con su implementación. Estos incluyen in dubio pro natura, que significa que en caso de duda, se debe estar del lado de la naturaleza; y el principio de prevención, que establece que ante la incertidumbre, en lugar de la inacción, se deben utilizar medidas preventivas. La incertidumbre no puede usarse como excusa para no hacer nada.
Ejemplos de reconocimiento en el mundo
Hasta ahora, 30 países ya han reconocido los derechos de la naturaleza en alguna medida, con alrededor de 300 ejemplos de legislación sobre derechos de la naturaleza, incluidos el estado de Oaxaca, México; Te Awa Tupua en Nueva Zelanda; y la laguna del Mar Menor en España. Panamá se ha convertido en el cuarto país del mundo en reconocer los derechos de la naturaleza a nivel nacional, después de Ecuador (en 2008), Bolivia (en 2010) y Uganda (en 2019).
El 10 de abril, nosotros (J.C.N. y C.V.) firmamos un Memorando de Entendimiento conjunto para comprometernos a lanzar un proceso de colaboración internacional para negociar una Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza de la ONU en los próximos años. Somos una pareja improbable, un líder del sector público y un científico, caracterizados por diferentes idiomas maternos, países de origen y generaciones. Lo que nos une, sin embargo, es nuestra creencia en darle a la naturaleza una voz en la toma de decisiones y proteger sus derechos más básicos a existir.
Hacia una declaración universal
La propuesta de una Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza representa un cambio fundamental en la forma en que la humanidad se relaciona con el mundo natural. No se trata solo de proteger la naturaleza por su utilidad para los humanos, sino de reconocer su valor intrínseco y su derecho a existir, prosperar y regenerarse.
Este enfoque legal emergente está ganando terreno en todo el mundo, con ejemplos concretos en América Latina, Oceanía y Europa. La creación de la Coalición de Estados por la Naturaleza es un paso crucial para llevar este debate al más alto nivel internacional.
Si bien el camino hacia una declaración universal es largo y complejo, el creciente apoyo y los ejemplos exitosos a nivel nacional demuestran que es posible. La crisis climática y de biodiversidad exige soluciones audaces y transformadoras. Reconocer los derechos de la naturaleza no es una utopía, sino una necesidad urgente para garantizar un futuro habitable para todas las especies, incluida la nuestra.

