En marzo de 2020, un joven operario de maquinaria en Italia recibía la noticia que cambiaría su vida para siempre: su despido durante la pandemia. Cinco años después, ese mismo hombre ha protagonizado una de las transacciones más significativas en la economía digital moderna, vendiendo su empresa y los derechos de su réplica de inteligencia artificial por una cifra que oscila entre los 900 y 975 millones de dólares.
Khaby Lame, el creador de contenido italiano de origen senegalés que se convirtió en el tiktoker más seguido del mundo con 160 millones de seguidores, ha cerrado un acuerdo histórico con Rich Sparkle Holdings que marca un punto de inflexión en cómo entendemos el valor de los creadores digitales y su relación con las tecnologías emergentes.
El ascenso meteórico de un desempleado a icono global
La historia de Lame parece sacada de un guion de Hollywood, pero es completamente real. Tras perder su trabajo como operario en una fábrica durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19, el joven de 25 años comenzó a publicar videos mudos en TikTok que rápidamente capturaron la atención global. Su fórmula era aparentemente simple: desmontaba con una mirada irónica y un gesto característico los “lifehacks” innecesariamente complicados que proliferaban en internet, mostrando soluciones obvias a problemas que, en muchos casos, ni siquiera existían.
Esta combinación de humor silencioso y crítica social sutil resonó con audiencias de todo el mundo, catapultando a Lame a la fama internacional. El 22 de junio de 2022, superó a Charli D’Amelio para convertirse en la persona más seguida en TikTok, un título que mantiene hasta hoy.
La anatomía de un acuerdo de mil millones
Step Distinctive Limited, la empresa con sede en Dubái que gestionaba las licencias, colaboraciones y ventas de Khaby Lame, ha sido adquirida por Rich Sparkle Holdings en una operación que se cerró en enero mediante intercambio de acciones, sin efectivo involucrado. Lo que hace particularmente interesante este acuerdo es su estructura: según datos de Celebrity Net Worth, Lame solo poseía el 49% de su empresa, mientras que el 51% restante pertenecía a socios como la china Anhui Xiaoheiyang Network Technology, parte del conglomerado Three Sheep.
Como resultado de la transacción, Lame se convierte en accionista de Rich Sparkle Holdings pero pierde el control operativo sobre su propia marca. Durante los próximos tres años, la empresa adquiriente tendrá exclusividad sobre todas las operaciones comerciales relacionadas con el creador.
El componente que redefine todo: el gemelo digital de IA
Quizás el aspecto más innovador y polémico del acuerdo sea la cesión del gemelo digital de Khaby Lame creado mediante inteligencia artificial. Esta tecnología permite generar réplicas digitales capaces de hablar múltiples idiomas, interactuar con audiencias y crear contenido sin necesidad de que la persona real grabe material nuevo.
En China, plataformas como Douyin ya emplean streamers generados por IA que pueden vender productos las 24 horas del día, reduciendo costos operativos hasta en un 80%. Esta tecnología representa una revolución en la economía de creadores: permite que una personalidad digital “trabaje” simultáneamente en múltiples mercados, zonas horarias y contextos culturales sin las limitaciones físicas y temporales de un ser humano.
La economía de creadores alcanza la madurez corporativa
El caso de Khaby Lame no es aislado, sino parte de una tendencia creciente en la economía digital. Según datos del sector, las fusiones y adquisiciones en la economía de creadores crecieron un 73% en 2025, alcanzando 52 operaciones significativas. Un sector que estaba valuado en más de 200.000 millones de dólares en 2024 podría superar el billón (mil millones de millones) antes de 2033.
Otros creadores han seguido caminos similares: Beast Industries, la empresa de MrBeast, se valoró en 5.000 millones de dólares e ingresó 473 millones en 2024. Logan Paul generó 1.200 millones de dólares con Prime en 2023, con una valoración estimada entre 2.000 y 3.000 millones. La fórmula que persiguen estas corporaciones es evidente: convertir seguidores en compradores, transformar engagement en ingresos, y escalar la influencia personal mediante estructuras empresariales.
Rich Sparkle Holdings: un comprador inesperado
Lo que añade otra capa de intriga a esta historia es el perfil del comprador. Antes del acuerdo, Rich Sparkle Holdings era una empresa de impresión financiera sin historial previo en redes sociales, creación de contenido o inteligencia artificial. Esta desconexión entre la experiencia previa de la empresa y su nueva adquisición plantea preguntas fundamentales sobre la estrategia detrás de la transacción y su viabilidad a largo plazo.
El dilema fundamental: ¿puede corporativizarse la autenticidad?
El acuerdo de Khaby Lame plantea una pregunta fundamental para la economía de creadores: ¿puede mantenerse la espontaneidad, frescura y autenticidad que caracterizan a los creadores exitosos cuando son absorbidos por estructuras corporativas?
Los creadores construyen su valor precisamente a través de su identidad única, su conexión personal con la audiencia y su capacidad para mantenerse relevantes en un panorama digital que cambia constantemente. Cuando el control operativo pasa a manos de corporaciones externas, existe el riesgo real de que se diluya precisamente lo que hizo único al creador en primer lugar.
El futuro de la creación de contenido en la era de la IA
La venta del gemelo digital de Khaby Lame señala una dirección clara para el futuro de la creación de contenido. Las réplicas de IA no solo permiten escalar operaciones y reducir costos, sino que también plantean cuestiones éticas y creativas complejas: ¿dónde termina la persona y comienza la marca? ¿Puede una réplica digital mantener la esencia de lo que hizo exitoso a un creador? ¿Qué sucede cuando la “personalidad” puede ser replicada, modificada y distribuida sin la participación activa de la persona real?
En China, donde esta tecnología está más avanzada, ya vemos cómo los streamers de IA pueden generar ingresos constantes sin las limitaciones humanas, pero también cómo pueden perder la conexión emocional que caracteriza al contenido auténtico.
Reflexiones finales sobre un nuevo paradigma
La historia de Khaby Lame encapsula la transformación radical que está experimentando la economía digital. Lo que comenzó como videos caseros publicados por un operario desempleado durante la pandemia se ha convertido, cinco años después, en una transacción de casi mil millones de dólares que involucra inteligencia artificial, conglomerados internacionales y la redefinición misma de lo que significa ser un creador de contenido.
Este acuerdo marca un punto de madurez para la economía de creadores, que ya no puede considerarse un sector marginal o experimental. Funciona con volúmenes de transacción comparables a industrias tradicionales, atrae a inversionistas institucionales y desarrolla tecnologías sofisticadas como los gemelos digitales.
Sin embargo, la pregunta más importante sigue sin respuesta: ¿puede una transacción de esta magnitud preservar la magia que hizo exitoso a Khaby Lame? ¿O estamos presenciando el momento en que la economía de creadores abandona su esencia comunitaria y personal para adoptar las dinámicas corporativas tradicionales? El tiempo, y las métricas de engagement de los próximos años, tendrán la última palabra.

