Científicos mexicanos desarrollan ‘super-tortillas’ fermentadas para combatir la desnutrición en América Latina

En México, la tortilla es mucho más que un simple alimento: es un símbolo cultural, un pilar nutricional y una presencia constante en la mesa de millones de familias, sin importar su edad o nivel socioeconómico. Sin embargo, detrás de esta tradición culinaria se esconde una realidad preocupante: la desnutrición y los problemas de salud metabólica afectan a gran parte de la población, especialmente en las comunidades más vulnerables. Ante este desafío, un grupo de investigadores mexicanos está revolucionando la forma en que producimos y consumimos este alimento básico, desarrollando lo que han denominado ‘super-tortillas’ fermentadas, enriquecidas con probióticos y prebióticos para mejorar la salud intestinal y combatir la malnutrición.

La investigación, publicada recientemente en la prestigiosa revista Nature, se centra en el desarrollo de nutracéuticos fermentados: productos nutritivos con beneficios farmacéuticos, diseñados específicamente para mejorar la salud metabólica de las personas. En un país donde muchas familias carecen de acceso a agua limpia, ingredientes frescos y los recursos necesarios para cocinar de manera saludable, estas innovaciones podrían marcar la diferencia entre una alimentación deficiente y una que promueva el bienestar a largo plazo.

“La tortilla humilde que todos conocemos está siendo transformada en un vehículo de salud”, explica la Dra. Ana Martínez, líder del proyecto de investigación. “Al fermentar los ingredientes tradicionales, no solo preservamos su sabor y textura, sino que incorporamos bacterias beneficiosas que aumentan la biodisponibilidad de los nutrientes, mejoran la acción de compuestos antioxidantes y antiinflamatorios, y apoyan naturalmente la digestión”.

El proceso de fermentación permite convertir ingredientes cotidianos —como granos, hierbas e incluso subproductos agroindustriales— en alimentos funcionales capaces de apoyar la salud metabólica y la microbiota intestinal. Esto es particularmente relevante en un contexto donde los alimentos ultraprocesados, baratos y de fácil acceso, se han convertido en la opción predeterminada para muchas familias de bajos ingresos.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más del 40% de los hogares mexicanos enfrentan algún grado de inseguridad alimentaria, con consecuencias directas en la salud pública. La diabetes, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares han alcanzado niveles epidémicos, exacerbados por dietas pobres en nutrientes esenciales. Las ‘super-tortillas’ buscan abordar este problema desde la raíz, ofreciendo una solución accesible, culturalmente apropiada y científicamente validada.

“No se trata solo de agregar vitaminas o minerales”, aclara el Dr. Carlos Rivera, coautor del estudio. “La fermentación activa procesos bioquímicos que liberan nutrientes que de otra manera permanecerían bloqueados en los alimentos. Por ejemplo, el hierro y el zinc presentes en el maíz se vuelven más fácilmente absorbibles por el cuerpo humano después de la fermentación, lo que es crucial para prevenir anemias y otros déficits nutricionales”.

El equipo de investigación ha experimentado con diversas cepas de bacterias lácticas y levaduras, identificando aquellas que no solo mejoran el perfil nutricional de las tortillas, sino que también extienden su vida útil y mejoran su sabor. En pruebas de laboratorio, las tortillas fermentadas mostraron un aumento del 30% en la concentración de antioxidantes y una reducción significativa en el índice glucémico, lo que las hace especialmente adecuadas para personas con diabetes o prediabetes.

Pero la innovación no se detiene en el laboratorio. Los científicos están trabajando estrechamente con cooperativas de productores de maíz en estados como Oaxaca, Chiapas y Guerrero, donde la desnutrición infantil alcanza sus niveles más críticos. “Estamos adaptando las técnicas de fermentación a las condiciones reales de las comunidades rurales”, comenta la Dra. Martínez. “No tiene sentido desarrollar una tecnología sofisticada que nadie pueda implementar. Por eso, hemos creado protocolos simples que utilizan equipos básicos y materias primas locales”.

Uno de los aspectos más prometedores de esta investigación es su potencial de escalabilidad. A diferencia de muchos suplementos nutricionales importados que pueden costar hasta 500 MXN por frasco, las ‘super-tortillas’ fermentadas podrían producirse a un costo adicional mínimo respecto a las tortillas tradicionales. “Estimamos que el sobrecosto para el consumidor final sería de aproximadamente 2 a 3 MXN por kilo”, calcula el Dr. Rivera. “Esto las hace accesibles incluso para las familias con menos recursos”.

La iniciativa ha llamado la atención de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que ven en este proyecto un modelo replicable para otros países de América Latina donde el maíz es un alimento básico. “La belleza de esta solución es que respeta y fortalece las tradiciones alimentarias locales”, señala María González, representante de la FAO en México. “En lugar de imponer alimentos extranjeros o suplementos costosos, estamos mejorando lo que la gente ya come y valora”.

Los próximos pasos de la investigación incluyen estudios clínicos a gran escala para medir el impacto real de las ‘super-tortillas’ en indicadores de salud concretos, como los niveles de hemoglobina en niños, el control glucémico en adultos mayores y la diversidad de la microbiota intestinal en poblaciones urbanas y rurales. Paralelamente, el equipo está explorando aplicaciones similares para otros alimentos básicos de la región, como arepas, pupusas y tamales.

“Este es solo el comienzo de una revolución silenciosa en la nutrición comunitaria”, concluye la Dra. Martínez. “Cuando la ciencia se encuentra con la sabiduría tradicional, cuando la innovación se pone al servicio de las necesidades reales de la gente, podemos transformar no solo lo que comemos, sino la salud de generaciones enteras. La tortilla, ese símbolo de identidad mexicana, podría convertirse también en un símbolo de resiliencia y bienestar”.

Mientras el proyecto avanza, las primeras ‘super-tortillas’ ya están siendo distribuidas en comedores comunitarios y escuelas de zonas marginadas, donde niños y adultos las reciben con el mismo entusiasmo que las tortillas tradicionales. La diferencia, invisible al ojo humano pero significativa para su salud, podría estar marcando el camino hacia un futuro donde nadie tenga que elegir entre alimentarse y nutrirse adecuadamente.

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