El gobierno de Noruega ha otorgado un permiso temporal a la empresa minera Nordic Mining para continuar vertiendo desechos directamente en el fiordo Førde, a pesar de una sentencia de la Corte Suprema que declaró ilegal dicho permiso. La decisión, tomada en septiembre de 2026, ha generado indignación entre activistas y expertos legales, quienes advierten sobre un posible precedente peligroso para la protección ambiental.
Una batalla de 17 años truncada
La historia se remonta a junio de 2026, cuando la Corte Suprema de Noruega falló a favor de los demandantes, declarando que el permiso original para verter desechos mineros en el fiordo era ilegal. La noticia fue celebrada por los habitantes de Vevring, un pequeño pueblo costero, quienes habían luchado durante 17 años contra el proyecto. Sin embargo, la alegría duró poco: cuatro días después, la mina solicitó un nuevo permiso y, a finales de septiembre, el Ministerio de Clima y Medio Ambiente lo concedió con carácter temporal.
Anne-Line Thingnes Førsund, pescadora de tercera generación y activista, expresó su frustración: “Cuando supimos que la contaminación continuaría, sentimos que nos quitaron el suelo bajo los pies. Hemos respondido cada carta, comentado cada consulta, protestado siempre que pudimos. Nos han derribado tantas veces y esta podría haber sido la oportunidad para el cambio”.
¿Qué es el vertido de desechos mineros en el mar?
La práctica, conocida como deposición de relaves submarinos (STD, por sus siglas en inglés), consiste en bombear rocas trituradas y desechos químicos al mar a través de tuberías sumergidas a cientos de metros de profundidad. Aunque se presenta como una alternativa al almacenamiento en tierra, el propio Instituto de Investigación Marina de Noruega (IMR) advierte que libera partículas finas de residuos tóxicos que pueden acumularse en la vida marina y alterar los ecosistemas.
Esta técnica está prohibida en América del Norte, Australia, Rusia, Brasil, China y la mayor parte de Europa. Solo unos pocos países, como Papúa Nueva Guinea, Indonesia y Turquía, aún la permiten. Noruega se ha convertido en un caso excepcional al autorizar su uso en el fiordo Førde.
El proyecto Engebø y sus implicaciones
La mina de titanio Engebø, operada por Nordic Mining, fue propuesta en 2006 y recibió permiso para verter desechos en el fiordo menos de una década después. A pesar de los desafíos legales, la mina comenzó a operar y a liberar residuos a finales de 2024. La empresa está financiada por inversionistas como Iwatani Corporation de Japón y las oficinas británicas de Morgan Stanley, UBS y Goldman Sachs. Otros bancos, como Standard Chartered y Citigroup, prohíben explícitamente financiar proyectos que utilizan STD.
Tras la sentencia de la Corte Suprema, Nordic Mining declaró en redes sociales que continuaría con su método de eliminación de desechos, con el respaldo de funcionarios noruegos. “Se ha dicho que nuestra operación es ilegal, que debemos cerrar, que nuestro trabajo debe detenerse. No es así”, afirmó la compañía, añadiendo que sigue “con la ambición de actuar responsablemente, con respeto por los fiordos y las montañas, y por la comunidad local”.
El argumento del gobierno: minerales críticos
El gobierno noruego defiende su decisión argumentando que el proyecto Engebø es de “importancia significativa para Noruega y Europa”, ya que la montaña contiene uno de los mayores depósitos conocidos de rutilo, un mineral que contiene titanio. En 2020, la Unión Europea incluyó el titanio en su lista de “minerales críticos”, lo que, según el gobierno, justifica un interés público superior que permite la contaminación según la Directiva Marco del Agua de la UE.
Sin embargo, expertos legales cuestionan esta lógica. Tarjei Ellingsen Røsvoll, profesor asociado de derecho administrativo y constitucional de la Universidad de Inland Noruega, afirma: “Eso es incorrecto. Un permiso existe o no existe, y la decisión de la Corte Suprema es clara: el permiso es ilegal. El gobierno está permitiendo abiertamente que una empresa vierta desechos en un fiordo de manera ilegal. Eso no tiene precedentes; daña la confianza y socava una estructura fundamental del derecho constitucional y administrativo”.
Impacto ambiental y riesgos para la salud
Si bien los estudios sobre el impacto de STD en los ecosistemas marinos son limitados, los científicos han vinculado la contaminación por metales pesados en algunos fiordos con esta práctica décadas atrás. Terje van der Meeren, profesor investigador del IMR, explicó que el daño es particularmente grave cuando los desechos se trituran en partículas pequeñas. “Es como harina”, dijo, y agregó que los residuos de Engebø contienen una sustancia química que se degrada en disulfuro de carbono, una neurotoxina.
En 2016, Van der Meeren y otros investigadores viajaron al fiordo Repparfjord, en el norte de Noruega, donde una mina de cobre vertió desechos durante seis años en la década de 1970. Décadas después, encontraron eglefinos con niveles más altos de plomo, arsénico y cromo en sus músculos que los de aguas cercanas. Otros estudios noruegos han hallado contaminación histórica por STD en plancton, cangrejos y huevos de peces.
Un contexto más amplio de contaminación en Noruega
La decisión sobre el fiordo Førde ocurre en un momento en que la contaminación de las aguas noruegas está bajo escrutinio. Un informe reciente reveló que las piscifactorías noruegas están llenando los fiordos y otras aguas costeras con una contaminación por nutrientes equivalente a las aguas residuales sin tratar de decenas de millones de personas cada año. Además, las poblaciones de salmón del Atlántico se encuentran en mínimos históricos: 155 de los aproximadamente 450 ríos salmoneros de Noruega fueron cerrados a la pesca al inicio de la temporada este año.
Reacciones y próximos pasos
Mientras Nordic Mining esperaba su nuevo permiso de tres años, continuó vertiendo desechos en el fiordo Førde. Økokrim, la oficina central noruega para delitos económicos y ambientales, está considerando si investigar el vertido por ilegalidad. Mientras tanto, Førsund y otros activistas se preparan para una nueva batalla legal contra el permiso temporal, aunque es probable que el vertido continúe hasta que se tome una nueva decisión.
Førsund reflexiona sobre las primeras protestas contra la mina con nostalgia. En una fotografía de hace más de una década, los manifestantes se reunieron para una comida en las orillas del fiordo; su hija, ahora arquitecta, era solo una niña. “Muchas de estas personas ya han muerto”, dice. “El fiordo es más grande que nosotros. Nos ha dado comida, ingresos, sentido, música, peces y aves durante miles de años. Ahora nos da la energía para seguir luchando”.
Conclusión
La decisión del gobierno noruego de permitir el vertido de desechos mineros en el fiordo Førde, a pesar de una sentencia judicial en contra, plantea serias preguntas sobre el respeto al estado de derecho y la protección del medio ambiente. Mientras los activistas continúan su lucha, el caso se convierte en un símbolo de la tensión entre intereses económicos y la conservación de uno de los ecosistemas más prístinos de Noruega.

