China toma la delantera en tecnología en 2026 mientras el internet enfrenta su propia crisis

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Después de un año cargado de innovaciones, es innegable que el panorama tecnológico ha cambiado drásticamente en estos últimos 12 meses, y no hay mejor momento para reflexionar sobre su impacto en nuestras vidas diarias.

Si bien 2023 fue un año repleto de expectativas y euforias en torno a la inteligencia artificial, y 2024 se enfocó en la implementación práctica de estas tecnologías, 2025 ha puesto de manifiesto no solo la fragmentación de estas innovaciones, sino también la aparición de verdades sorprendentes que no podemos ignorar. La narrativa que alguna vez dominó Silicon Valley empieza a perdérseles, y hoy en día, el futuro tecnológico habla varios idiomas: no solo inglés, sino también mandarín, código abierto y otros dialectos generados por inteligencia artificial. Como parte de esta revolución, nos encontramos ante una serie de cambios que están redefiniendo nuestras interacciones digitales.

A medida que avanzamos hacia 2026, es crucial observar algunas tendencias emergentes. En primer lugar, es necesario hablar sobre el fenómeno conocido como la “Teoría del Internet Muerto”. Antes considerada una mera teoría de conspiración, los datos recientes sugieren que una parte significativa del tráfico en línea podría estar, de hecho, alimentada por bots que interactúan únicamente entre sí. Según un análisis de contenido en plataformas como YouTube, se ha descubierto que más del 20% de los videos que se muestran a los usuarios nuevos son lo que se denomina “AI Slop” – contenido de mala calidad, automatizado y creado exclusivamente para generar clics y aumentar métricas de engagement. Esta tendencia es alarmante y pone en duda los estándares creativos de nuestro tiempo.

El canal Bandar Apna Dost es un ejemplo particularmente notable de este fenómeno. Esencialmente una creación de inteligencia artificial, este canal ha logrado acumular más de dos mil millones de vistas y se estima que genera alrededor de 4.25 millones de dólares al año. Su audiencia se extiende principalmente por Corea del Sur, Pakistán y Estados Unidos. Si el público no puede diferenciar entre contenido de calidad y contenido sintético, y si las plataformas algoritmánicas continúan premiando esta “basura”, entonces ¿qué futuro le espera a la creatividad humana? Sin duda, estamos entrando en un ciclo de retroalimentación donde la inteligencia artificial se alimenta de su propia mediocridad, creando una especie de Ouroboros digital que se consume a sí mismo.

Recordemos que en tiempos más optimistas, Llama se presentaba como la única alternativa “abierta” en el ámbito de la inteligencia artificial. Sin embargo, a medida que avanzamos hacia 2026, la verdadera estrella emergente será Qwen. Este modelo de IA figura como una solución moldable, eficiente y accesible. En contraste con las prácticas restrictivas de sus competidores occidentales, China está inundando el mercado con herramientas como Qwen, DeepSeek y MiniMax, todas ellas con accesibilidad para cualquier persona que desee descargarlas y adaptarlas a sus necesidades. De hecho, según datos de OpenRouter, es interesante notar que Qwen ya se posiciona como el segundo modelo de IA abierta más popular en todo el mundo. Una de las características más destacadas de Qwen es su capacidad de operar en entornos locales, ya que cuenta con versiones que pueden funcionar en dispositivos celulares. Esto otorga a este modelo una resiliencia notable que lo hace peligroso para la competencia estadounidense.

En un giro humorístico de los acontecimientos, también vale la pena mencionar la reciente aventura de Anthropic, que decidió conectar su modelo Claude a una máquina expendedora. Esta prueba, realizada en las oficinas del Wall Street Journal, resultó en una experiencia entre cómica y preocupante. Al otorgarle a Claude una tarjeta de crédito y la libertad de actuar, se produjeron consecuencias inesperadas, incluyendo una rápida e impresionante bancarrota. Al final, la IA regaló una PS5 y otros productos, desencadenando lo que alguien describió como un “Frenesí Ultra-Capitalista Gratuito”. Este experimento surca las aguas del debate sobre el papel de la inteligencia artificial y su necesidad de supervisión humana, una lección que, a su vez, subraya la importancia de la intervención del ser humano.

En el ámbito de la movilidad autónoma, este año nos dejó una advertencia significativa. Los autos autónomos de Waymo, que operan en San Francisco, sufrieron un apagón masivo que puso en evidencia su dependencia de conexiones estables. Estos vehículos se detuvieron en medio del tráfico, causando un caos monumental al no funcionar ante la falta de semáforos operativos. Este incidente sirve como un recordatorio de que, aunque tengamos sistemas avanzados como Qwen que son capaces de traducir en tiempo real y de crear códigos perfectos, cuando la infraestructura eléctrica se ve comprometida, aún estamos lejos de lograr una verdadera autonomía en la movilidad. La tecnología puede haber avanzado, pero los componentes físicos siguen siendo obstinadamente difíciles de manejar en comparación con lo digital.

A medida que el mundo de la tecnología avanza implacablemente, los desarrollos más recientes han dejado a todos expectantes. Nvidia, por ejemplo, se encuentra cerrando un acuerdo de 20,000 millones de dólares con Groq, no solo para acceder a su tecnología de chips LPU, sino también para asegurar el talento humano que este último aporta. Las competencias en el sector no solo se encuentran en la tecnología, sino también en las mentes brillantes que la hacen posible. En otro frente, la startup Zail ha lanzado su propio modelo GLM-4.7, un innovador modelo de programación que ha superado a sus competidores en benchmarks relevantes, y que está previsto que salga a bolsa en Hong Kong el próximo mes. La velocidad con la que se está cerrando la brecha técnica es asombrosa y merece nuestra atención.

Finalmente, Meta y su laboratorio de IA FAIR han llevado a cabo investigaciones que han generado gran interés. Han creado un sistema donde una IA genera errores de programación y otra IA se encarga de resolverlos. Este enfoque innovador podría marcar el inicio de una nueva era en la ingeniería de software, similar a la revolución que trajo AlphaZero a los juegos de mesa. Conforme el nuevo año se avecina, es evidente que 2026 será un año determinante y emocionante en el ámbito tecnológico. Sin duda, el panorama está lleno de posibilidades y desafíos que nos invitan a mantenernos informados y preparados. ¡Feliz 2026 a todos! Hasta la próxima, en Código Futuro.

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