En el panorama de las redes sociales, dos plataformas aparentemente similares libran una batalla por la atención de los usuarios, aunque con resultados que revelan diferencias fundamentales más allá de las cifras superficiales. Threads, la apuesta de Meta, ha logrado un hito significativo al alcanzar y, en ocasiones, superar a X en usuarios activos diarios a nivel global cuando se mide exclusivamente el uso en dispositivos celulares. Sin embargo, este logro estadístico contrasta con una realidad persistente: la conversación que define el debate público, informa a los medios y moldea las tendencias culturales continúa teniendo su epicentro en la plataforma fundada por Jack Dorsey y ahora liderada por Elon Musk. Esta paradoja plantea preguntas cruciales sobre lo que realmente significa el “éxito” en el ecosistema digital y cómo se construye la relevancia cultural más allá de los números crudos.
Los datos de análisis de tráfico celular muestran que Threads y X convergen en cifras cercanas a los 130 millones de usuarios activos diarios a escala global, con la plataforma de Meta llegando a superar a su competidora en días específicos durante septiembre de 2025. Esta métrica, que cuenta a cada usuario una sola vez al día independientemente de cuántas veces abra la aplicación, refleja un hábito de acceso creciente y una adopción acelerada, particularmente en mercados como México, donde la penetración de smartphones y el uso de aplicaciones sociales siguen patrones de crecimiento consistentes. El avance de Threads se explica en gran medida por su integración profunda con Instagram, otra plataforma de Meta que ya cuenta con una base masiva de usuarios en todo el mundo, incluyendo una presencia sólida en el mercado mexicano. Esta conexión reduce las barreras de entrada, permitiendo que millones de personas prueben Threads con un simple clic, sin necesidad de crear una nueva cuenta desde cero o aprender una interfaz completamente desconocida.
Sin embargo, cuando se amplía el enfoque más allá del uso celular, la imagen cambia drásticamente. El tráfico web, que suele asociarse con contextos profesionales, redacciones periodísticas y seguimiento informativo más intensivo, muestra una brecha significativa a favor de X. Los datos indican que la plataforma de Elon Musk concentra muchas más visitas diarias desde navegadores que Threads, tanto en su dominio principal como en comparación con las versiones web del servicio de Meta. Esta distinción no es trivial, ya que sugiere diferencias en el tipo de uso y en la profundidad del compromiso. Mientras Threads avanza en métricas de acceso casual desde el teléfono, X mantiene su posición como herramienta de trabajo para periodistas, analistas, políticos y profesionales que requieren un seguimiento constante de la conversación pública. En México, esta dinámica se refleja en cómo medios nacionales, figuras políticas y líderes de opinión utilizan X para comunicarse en tiempo real, mientras que Threads lucha por establecerse como un espacio equivalente para el debate serio.
La divergencia se hace aún más evidente al examinar el papel de cada plataforma en el consumo de noticias y la formación de la agenda pública. Estudios recientes, como el Digital News Report 2025 del Instituto Reuters, destacan que X mantiene un papel relevante como plataforma para el consumo de noticias y la conversación de actualidad en múltiples mercados, mientras que alternativas como Threads no han logrado una implantación comparable en usos informativos a escala global. La diferencia no es simplemente cuantitativa, sino funcional: X opera como un “sensor pasivo” del discurso público, combinando visibilidad, comunidad activa y una trazabilidad temporal clara que permite seguir declaraciones, reacciones y polémicas en tiempo real. Esta arquitectura facilita que los contenidos se amplifiquen fuera de la plataforma, llegando a medios tradicionales, programas de televisión y debates políticos. Threads, por el contrario, aunque crece en usuarios, no ha demostrado la misma capacidad para generar y sostener conversaciones que trasciendan el ámbito de la plataforma misma.
Parte de esta resistencia al cambio tiene raíces profundas en hábitos profesionales y mediáticos consolidados durante más de una década. Para periodistas, analistas y observadores políticos, X no es solo una red social, sino una herramienta de observación indispensable. Su diseño, que permite seguir hilos de conversación, citar mensajes específicos y monitorear tendencias en tiempo real, se ha integrado en los flujos de trabajo de redacciones en todo el mundo, incluyendo las principales agencias y medios mexicanos. Incluso las controversias recurrentes alrededor de Elon Musk, que han generado críticas y migraciones simbólicas hacia otras plataformas, no han logrado desplazar a X de su posición central en el ecosistema informativo. Esto sugiere que la relevancia cultural de una plataforma depende de factores que van más allá de la propiedad corporativa o las decisiones de moderación de contenido, involucrando dinámicas de red, inercia profesional y la creación de valor a través de la interoperabilidad con otros actores del ecosistema mediático.
El caso de Threads ilustra los límites del crecimiento impulsado principalmente por la integración con un ecosistema existente. Si bien la conexión con Instagram ha permitido un despegue rápido en métricas de usuarios, no ha garantizado la adopción de Threads como espacio central para el debate público o informativo. Los usuarios pueden probar la plataforma por curiosidad o conveniencia, pero trasladar prácticas establecidas, construir nuevas comunidades significativas y establecer normas culturales requiere tiempo y esfuerzo colectivo que no se pueden acelerar simplemente mediante integraciones técnicas. En México, donde las redes sociales juegan un papel crucial en la vida política y social, esta transición se enfrenta a la inercia de años de uso consolidado de X por parte de actores clave, desde el presidente y sus colaboradores hasta periodistas de investigación y movimientos sociales organizados.
Mirando hacia el futuro, la competencia entre Threads y X probablemente evolucionará más allá de las métricas de usuarios activos diarios. El verdadero campo de batalla será la capacidad de cada plataforma para moldear la conversación pública, influir en la agenda mediática y servir como infraestructura para el discurso democrático. Para Threads, esto significará no solo sumar usuarios, sino fomentar comunidades vibrantes, atraer a creadores de contenido influyentes y desarrollar herramientas que satisfagan las necesidades específicas de periodistas, académicos y activistas. Para X, el desafío será mantener su relevancia cultural mientras navega por las tensiones entre la libertad de expresión, la moderación de contenido y la sostenibilidad empresarial. En mercados como México, donde la digitalización avanza rápidamente pero las desigualdades en acceso persisten, ambas plataformas enfrentarán el reto adicional de adaptarse a contextos locales, idiomas y preocupaciones específicas.
La paradoja actual, donde Threads iguala o supera a X en uso celular pero no en influencia cultural, subraya una lección crucial: en la era digital, el poder no se mide solo por cuántas personas usan una plataforma, sino por cómo se usa, quién la usa y qué conversaciones genera. Las cifras de usuarios activos diarios ofrecen una instantánea valiosa, pero la película completa requiere observar patrones de interacción, flujos de información y la capacidad de una plataforma para convertirse en algo más que un destino: en un motor de la conversación pública. Mientras Threads continúa su crecimiento y X defiende su territorio, los usuarios, creadores y profesionales de medios en México y el mundo serán los jueces finales de qué plataforma logra no solo capturar su atención, sino también dar forma a su comprensión del mundo que los rodea.

