Las lluvias torrenciales que han azotado el Reino Unido durante semanas han dejado al descubierto una realidad preocupante: las defensas contra inundaciones no están preparadas para los eventos climáticos extremos que se están volviendo cada vez más frecuentes. Mientras las alertas por inundaciones permanecen activas en el suroeste de Inglaterra y Gales, con pronósticos que anticipan otras dos semanas de clima húmedo, el suelo saturado de agua en amplias zonas del país no muestra señales de secarse pronto.
Un panorama climático cambiante
Los reportes desde Aberdeen son particularmente reveladores: los residentes no han visto ni un rayo de sol desde el 21 de enero, un fenómeno que ha puesto a prueba la resistencia de comunidades enteras. Como comentó un residente a la BBC: “Hay que seguir adelante, vendrán días más brillantes”. Sin embargo, antes de que llegue ese alivio, el noreste de Escocia se prepara para más lluvias intensas.
Esta situación va más allá de la simple incomodidad. Para agricultores y negocios en las áreas afectadas, el impacto es económico y operativo. Sam Kirby, consultora de marketing, compartió con The Guardian cómo tuvo que trabajar desde un estacionamiento en Cornwall después de la tormenta Goretti porque su conexión a internet no funcionaba. Y Goretti fue solo la primera de tres tormentas que azotaron la región en enero.
La preparación climática como prioridad
La disrupción y angustia causadas por estas precipitaciones récord deben centrar la atención en la necesidad urgente de preparación climática. Los sistemas de defensa actuales, diseñados para patrones climáticos históricos, resultan insuficientes frente a la nueva normalidad de eventos extremos.
Lecciones para el mundo
Lo que ocurre en Reino Unido no es un caso aislado. Desde las inundaciones en Australia central hasta los patrones climáticos cambiantes en todo el planeta, la necesidad de infraestructura resiliente se ha convertido en una prioridad global. La pregunta que enfrentan muchas comunidades no es si ocurrirán estos eventos, sino cuándo y cómo estarán preparadas para enfrentarlos.
Innovación en infraestructura resiliente
La tecnología ofrece soluciones prometedoras para estos desafíos:
- Sistemas de alerta temprana basados en inteligencia artificial
- Infraestructura verde que absorbe el exceso de agua
- Materiales de construcción más resistentes a condiciones extremas
- Sistemas de drenaje inteligentes que se adaptan a los volúmenes de agua
La sostenibilidad energética también juega un papel crucial en esta ecuación. Como muestran las tendencias recientes, desde las turbinas flotantes en China hasta las baterías de red a gran escala, la transición hacia energías limpias debe ir acompañada de infraestructura capaz de resistir los efectos del cambio climático.
El costo de la inacción
Las consecuencias de no actuar son claras: interrupciones económicas, daños a la propiedad, riesgos para la salud pública y un impacto desproporcionado en las comunidades más vulnerables. La pregunta “¿Qué es más importante, la electricidad o la comida?” que enfrentan los residentes de Australia central durante las olas de calor extremo refleja los dilemas que muchas regiones comenzarán a experimentar.
Un llamado a la acción coordinada
La ciencia nos proporciona las herramientas para entender estos fenómenos, desde el estudio del núcleo terrestre hasta el monitoreo de patrones climáticos globales. Ahora corresponde a gobiernos, empresas y comunidades implementar soluciones basadas en esta evidencia.
La retirada de regulaciones climáticas, como la reciente decisión en Estados Unidos de revocar hallazgos clave sobre peligros climáticos, representa un paso atrás en momentos donde se necesita avanzar con determinación. Al mismo tiempo, las inversiones masivas en inteligencia artificial y tecnologías limpias, como el reciente aumento de capital de 30 mil millones de dólares de Anthropic, muestran el potencial transformador cuando la innovación se alinea con las necesidades planetarias.
Conclusión: hacia un futuro resiliente
Las lluvias extremas en Reino Unido sirven como recordatorio poderoso de que el cambio climático no es una amenaza futura, sino una realidad presente. La preparación requiere inversión en infraestructura, políticas basadas en evidencia científica y una transición acelerada hacia energías sostenibles.
Como demuestran los avances en baterías de red, turbinas eólicas flotantes y sistemas de monitoreo climático, las soluciones existen. Lo que se necesita ahora es la voluntad política y la inversión estratégica para implementarlas a la escala necesaria.

