Imagina un objeto interestelar que llega a nuestro sistema solar y despierta todo tipo de teorías conspiratorias. Desde podcasts populares hasta debates en redes sociales, muchos especularon que podría tratarse de tecnología alienígena. Pero la ciencia tiene una forma fascinante de poner las cosas en su lugar, y esta vez lo hizo con una señal de radio que, curiosamente, confirma que estamos ante un simple cometa.
La confirmación llegó desde Sudáfrica, donde el observatorio MeerKAT detectó la primera señal de radio proveniente del famoso cometa 3I/Atlas. Pero antes de que imagines mensajes extraterrestres, déjame aclarar algo importante: no se trata de una transmisión inteligente, sino de un patrón natural de radiofrecuencia. Lo que MeerKAT detectó fueron líneas de absorción de radicales hidroxilo (OH) en las frecuencias de 1665 MHz y 1667 MHz. En términos más simples, detectó agua, o más precisamente, las moléculas que se forman cuando el agua se descompone en el espacio. Este fenómeno es completamente consistente con la actividad típica de un cometa, especialmente cuando se acerca al Sol.
La detección ocurrió el 24 de octubre, justo cinco días antes de que el cometa alcanzara su punto más cercano al Sol. Este timing no es coincidencia: cuando los cometas se acercan a nuestra estrella, el calor hace que sus hielos se sublimen, liberando moléculas como el OH al espacio. Estas moléculas pueden absorber o emitir radiación en frecuencias específicas, creando las líneas espectrales que MeerKAT captó. Aunque el polémico astrofísico Avi Loeb había animado a los observatorios a buscar señales de radio del objeto, esperando quizás encontrar algo más exótico, lo único que se detectó fue esta señal de absorción de OH, completamente natural y esperada para un cometa.
A pesar de esta evidencia contundente, la investigación continúa. Se espera que en marzo de 2026, cuando 3I/Atlas pase cerca de Júpiter, la nave Juno utilice su antena para buscar señales de radio en bajas frecuencias. Mientras tanto, este episodio nos recuerda lo valioso que es el escepticismo científico y cómo la curiosidad humana, incluso cuando se manifiesta en teorías extravagantes, puede impulsar investigaciones que terminan revelando verdades fascinantes sobre nuestro universo. Al final, más allá de conspiraciones y especulaciones, lo que tenemos es un visitante interestelar completamente natural, pero no por ello menos maravilloso.

