Extremadura domina el 99% del cultivo de tabaco en España, un sector que genera millones en México

En el panorama agrícola mundial, el cultivo de tabaco ha experimentado cambios significativos en las últimas décadas, especialmente en regiones como la Unión Europea, donde su producción ha disminuido considerablemente. Mientras que a principios de la década de 1990 se cosechaban alrededor de 400,000 toneladas, para finales de la década pasada esta cifra había caído a aproximadamente 140,000 toneladas. En España, la situación no es muy diferente, con un volumen de producción y hectáreas cultivadas en 2024 muy inferior al registrado hace solo diez años. Sin embargo, a pesar de esta tendencia general, hay una región que destaca por su contribución tanto a nivel nacional como europeo: Extremadura. Esta comunidad autónoma concentra el 99% del cultivo y la transformación de tabaco en España, generando un impacto económico que supera los 126 millones de euros, equivalentes a más de 2,500 millones de pesos mexicanos al tipo de cambio actual.

En México, el tabaco también juega un papel importante en la economía, aunque con características distintas. Mientras que en España Extremadura es el epicentro de esta industria, en México estados como Veracruz, Nayarit y Chiapas son los principales productores. Curiosamente, el cultivo de tabaco en México tiene una historia que se remonta a la época prehispánica, cuando los pueblos indígenas ya utilizaban la planta con fines rituales y medicinales. Este dato atemporal resalta la profunda conexión cultural que existe entre el tabaco y las sociedades a lo largo de los siglos, un vínculo que perdura hasta hoy en diversas formas, desde la producción agrícola hasta el consumo.

El sector tabacalero en Extremadura no solo se limita al cultivo, sino que también incluye la primera transformación de la hoja, generando un valor añadido de alrededor de 69 millones de euros, lo que representa aproximadamente el 99% del total nacional. Este porcentaje es tan abrumador que la industria local se enorgullece de ser el principal centro productor de España y la primera región productora a nivel europeo. Si ampliamos el enfoque, la Mesa del Tabaco estima que el sector tiene un impacto total de 126 millones de euros en la comunidad, generando cientos de empleos. Para ser más precisos, se habla de más de mil puestos de trabajo directos, una cifra que aumenta a dos mil contratos a tiempo completo si se incluyen los empleos indirectos e inducidos.

En México, la industria del tabaco también es una fuente significativa de empleo, con miles de personas involucradas en el cultivo, procesamiento y comercialización. Sin embargo, a diferencia de Extremadura, donde la producción está altamente concentrada, en México está más distribuida geográficamente. Esto refleja las diferencias en las estructuras agrícolas y económicas entre ambos países, donde México cuenta con una diversidad climática que favorece el cultivo de tabaco en varias regiones. Además, el consumo de tabaco en México ha sido objeto de regulaciones estrictas en los últimos años, similares a las implementadas en la Unión Europea, lo que ha impactado tanto la producción como los hábitos de consumo.

La radiografía del sector en Extremadura revela que, según el Censo Agrario de 2020, la región aglutina el 94% de las 1,052 explotaciones que existen en España. La actividad se concentra principalmente en el norte de la provincia de Cáceres, en comarcas como Campo Arañuelo, La Vera, Alagón, Talayuela y Navalmoral de la Mata. Fuera de Extremadura, el mapa agrícola se completa básicamente con Castilla y León, Castilla-La Mancha y Navarra, aunque estas regiones dedican muchas menos hectáreas al tabaco. En 2024, Extremadura destinó 6,121 hectáreas, frente a las 19 de Castilla y León, las 18 de Castilla-La Mancha y las tres de Navarra.

En México, la distribución de hectáreas cultivadas varía según el estado, con Veracruz liderando la producción. A nivel global, el panorama es más complejo. En las Islas Canarias, por ejemplo, hay un destacado polo manufacturero, mientras que en Cantabria se encuentra la fábrica de Entrambasaguas, de Altadis, considerada el principal núcleo de producción industrial en la península. Además, la Comunidad de Madrid se beneficia por acoger las sedes de las filiales españolas de las grandes multinacionales del sector. En general, la Mesa del Tabaco estima que el sector contribuye al PIB nacional con 1,825 millones de euros, una cifra que superaría los 3,700 millones si se incluye el impacto total.

Los impuestos al tabaco representan otra fuente de ingresos cuantiosos para el Estado español. El colectivo habla de alrededor de 6,700 millones de euros recaudados a través del Impuesto sobre las Labores del Tabaco, aunque la contribución fiscal total del sector sería muy superior, superando los 10,100 millones de euros anuales. En México, los impuestos al tabaco también son una fuente importante de ingresos para el gobierno, utilizados en parte para financiar programas de salud pública y campañas contra el tabaquismo. Esto refleja un enfoque global donde los impuestos no solo generan recursos, sino que también buscan desincentivar el consumo.

Tomando perspectiva, Extremadura juega un papel destacado en el mapa tabacalero español e incluso europeo, pero en realidad España acapara una parte minúscula del sector a nivel mundial. Si bien la aportación española supone alrededor del 19% del total de la Unión Europea, lo que suele situar al país entre los principales productores del bloque, representa solo el 0.5% de la producción global. Su huella queda muy lejos de la de grandes potencias manufactureras como China, India o Brasil. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), España ocuparía el puesto 36 entre los productores de tabaco por superficie, con 8,450 hectáreas en 2021, una cifra que palidece en comparación con los más de un millón de hectáreas de China o las 431,146 de India.

En México, la producción de tabaco también es modesta a escala global, pero el país ha logrado posicionarse como un exportador importante, especialmente hacia Estados Unidos y otros mercados. Esto se debe en parte a la calidad del tabaco mexicano, conocido por su sabor y aroma distintivos, que lo hacen atractivo para la industria internacional. Además, México ha adoptado tecnologías modernas en el cultivo y procesamiento del tabaco, mejorando la eficiencia y sostenibilidad del sector. Sin embargo, al igual que en Europa, la industria enfrenta desafíos como la disminución del consumo y las regulaciones cada vez más estrictas.

Tras años de regulación y campañas de concienciación, la industria europea no pasa por su mejor momento. En 2018, la Comisión Europea calculaba que en el conjunto de la Unión se cultivaban alrededor de 140,000 toneladas de tabaco, muy lejos de las 400,000 de comienzos de la década de 1990. También se ha reducido la superficie cultivada, un fenómeno no sorprendente si se considera el escenario cada vez más complejo que afronta el sector y el desplome del consumo. De hecho, Extremadura exporta cerca del 74% de la hoja de tabaco que recoge, lo que subraya su dependencia de los mercados internacionales.

En México, las exportaciones de tabaco también son significativas, contribuyendo a la balanza comercial del país. Sin embargo, la industria local debe navegar entre la demanda internacional y las políticas nacionales que buscan reducir el consumo. Esto ha llevado a una diversificación en algunos casos, donde los productores exploran alternativas como el cultivo de otras plantas o la implementación de prácticas agrícolas más sostenibles. Este enfoque podría servir de inspiración para regiones como Extremadura, que podrían beneficiarse de adaptar sus estrategias a un mercado en constante cambio.

Los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) constatan también la caída de producción y área cultivada en los últimos años en España, aunque se observa una mejora en el rendimiento por hectárea. Esto sugiere que, a pesar de la reducción en la escala, la eficiencia en el cultivo ha aumentado, posiblemente gracias a avances tecnológicos y mejores prácticas agrícolas. En México, tendencias similares se han observado, con un enfoque creciente en la productividad y la calidad en lugar de la expansión de las áreas cultivadas.

En resumen, el cultivo de tabaco en Extremadura representa un caso único de concentración y especialización en España, con implicaciones económicas y sociales significativas. Mientras tanto, en México, la industria tabacalera sigue siendo un componente importante de la economía, aunque enfrenta desafíos similares en términos de regulación y cambios en los patrones de consumo. La comparación entre ambos contextos revela cómo factores globales, como las políticas de salud pública y las tendencias de mercado, moldean el destino de este cultivo en diferentes partes del mundo. A medida que evoluciona el sector, regiones como Extremadura y estados productores en México deberán adaptarse para mantener su relevancia en un panorama cada vez más complejo y competitivo.

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