España enfrenta una bomba de relojería demográfica: 148 ancianos por cada 100 jóvenes según Fundación Adecco

Los números no mienten, pero a veces cuentan historias que preferiríamos no escuchar. En los últimos años, España ha visto cómo su pirámide poblacional se invertía de manera acelerada, dibujando un panorama que los expertos llevan décadas advirtiendo. La combinación de una natalidad en caída libre y una esperanza de vida que no deja de crecer ha creado una tormenta perfecta que ahora golpea con fuerza los cimientos del mercado laboral y la sostenibilidad del sistema de pensiones.

Según el último informe de la Fundación Adecco, titulado ‘Envejecimiento y edadismo laboral’, el índice de envejecimiento en España alcanzó en 2025 un histórico 148%. Esto significa que por cada 100 personas menores de 16 años, existen 148 mayores de 64 años. Para ponerlo en perspectiva, hace apenas un año este indicador se situaba en 142,3%, y si retrocedemos a finales de los años 90, la proporción era casi equilibrada: 99,8%.

“El crecimiento de 5,7 puntos porcentuales entre 2024 y 2025 representa el mayor aumento desde que comenzamos a estudiar este fenómeno”, explica Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco. “No se trata solo de un dato estadístico curioso, sino de una alerta roja para la capacidad productiva de nuestro país”.

Las raíces del desequilibrio demográfico

Para entender cómo hemos llegado a este punto, debemos analizar tres tendencias que el Instituto Nacional de Estadística (INE) viene documentando sistemáticamente. En primer lugar, la natalidad continúa su descenso imparable. En 2024 se registraron 318.005 nacimientos, un 1% menos que en 2023 y muy lejos de los 427.595 contabilizados en 2014. Esta caída responde a múltiples factores, desde la precariedad laboral que dificulta la planificación familiar hasta cambios culturales profundos en las prioridades vitales de las nuevas generaciones.

En segundo lugar, la esperanza de vida sigue su ascenso constante, situándose actualmente en 84,01 años. Los avances médicos, las mejoras en nutrición y los hábitos de vida más saludables han convertido a España en uno de los países con mayor longevidad del mundo. Finalmente, el número de defunciones se mantiene estable, completando un cóctel demográfico que inevitablemente inclina la balanza hacia el envejecimiento poblacional.

Un mapa desigual del envejecimiento español

La crisis demográfica no afecta por igual a todo el territorio nacional. El estudio de Adecco revela profundas diferencias entre comunidades autónomas, dibujando un mapa donde el norte peninsular concentra los índices más preocupantes. Asturias lidera este ranking con un 265,3%, lo que significa que allí existen 265 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. Le siguen Galicia (231,6%) y Castilla y León (230,7%), regiones que llevan décadas sufriendo una intensa despoblación rural y el éxodo de jóvenes hacia áreas urbanas.

En el extremo opuesto encontramos a Melilla (60,4%), Ceuta (74,5%) y Murcia, que acaba de entrar en la “zona roja” con un 102,7%. Estas diferencias territoriales reflejan no solo dinámicas migratorias distintas, sino también estructuras económicas y oportunidades laborales desiguales que condicionan las decisiones reproductivas de las familias.

El impacto en el mercado laboral: más allá de las pensiones

Mientras el debate público se centra principalmente en la sostenibilidad del sistema de pensiones, los expertos advierten que las consecuencias del envejecimiento poblacional son mucho más amplias y afectan directamente a la competitividad económica del país. “España afronta una paradoja estructural”, señala el informe de Adecco. “Mientras la población envejece y la fuerza laboral es más sénior, el mercado de trabajo sigue desaprovechando a los profesionales mayores de 45 años y perpetuando las barreras que limitan su empleabilidad”.

Las cifras son elocuentes: el paro de larga duración afecta al 34% de los desempleados en España, porcentaje que se dispara hasta el 48,5% cuando hablamos de mayores de 45 años. Esta discriminación por edad, conocida como edadismo laboral, representa un lujo que España no puede permitirse según los analistas.

La “japonización” de la economía española

El término “japonización” ha saltado a la palestra en los últimos años para describir fenómenos económicos que antes parecían exclusivos del país asiático: crecimiento estancado, deflación persistente y, sobre todo, envejecimiento acelerado de la población. Japón lleva décadas lidiando con una pirámide poblacional invertida, y las soluciones que ha implementado -desde robots cuidadores hasta políticas de inmigración controvertidas- ofrecen lecciones valiosas para España.

“El índice de envejecimiento no deja de crecer y esta realidad demográfica coloca a nuestro país ante un desafío estructural que no admite más demoras”, insiste Mesonero. “En este contexto, el edadismo laboral se revela un fenómeno obsoleto y un profundo contrasentido. España no puede permitirse prescindir de millones de profesionales mayores”.

Voces críticas y matices necesarios

No todos los expertos interpretan los datos con la misma alarma. Dolores Puga, demógrafa e investigadora del CSIC, advierte sobre la necesidad de matizar estas cifras: “Tenemos una vejez nueva que ni es corta ni homogénea. Hay que conjugarla en plural porque no podemos meter en el mismo saco a una persona de 64 años y a una de 85, igual que no se equipara a una de 15 con una de 35”.

Esta perspectiva destaca la diversidad dentro de los grupos etarios que el informe de Adecco agrupa bajo categorías amplias. La “juventud” abarca desde recién nacidos hasta adolescentes a punto de mayoría de edad, mientras la “vejez” incluye tanto a personas recién jubiladas como a nonagenarios con necesidades completamente diferentes.

Hacia un nuevo contrato generacional

Las soluciones requieren un cambio de paradigma que vaya más allá de ajustes técnicos en el sistema de pensiones. Los expertos proponen un enfoque multidimensional que incluya:

  • Políticas de conciliación reales: Medidas que permitan a las familias compatibilizar carrera profesional y crianza sin penalizaciones económicas.
  • Combate al edadismo laboral: Programas específicos para la reinserción laboral de mayores de 45 años y cambios culturales en las empresas.
  • Inmigración estratégica: Atraer talento joven internacional sin descuidar la integración social.
  • Innovación en cuidados: Desarrollo de tecnologías y servicios que permitan un envejecimiento activo y digno.
  • Educación continua: Sistemas de formación adaptados a todas las edades para mantener la empleabilidad a lo largo de toda la vida laboral.

El caso de Murcia, que ha pasado de tener una población relativamente joven a entrar en la “zona roja” del envejecimiento, demuestra que ningún territorio es inmune a estas dinámicas. Lo que hoy parece un problema del norte rural podría convertirse mañana en una crisis nacional si no se actúa con determinación.

España se encuentra en una encrucijada demográfica sin precedentes. Los datos de la Fundación Adecco no son una predicción apocalíptica, sino un espejo que refleja decisiones tomadas -o no tomadas- durante décadas. La bomba de relojería está activada, pero aún hay tiempo para desactivarla con políticas audaces, visión a largo plazo y, sobre todo, reconociendo el valor de todas las generaciones en la construcción de un futuro sostenible.

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