El volcán Chichonal muestra señales de reactivación: científicos advierten sobre gases tóxicos y cambios en su lago cráter

Cuatro décadas después de su devastadora erupción en 1982, el volcán Chichonal en Chiapas está enviando señales preocupantes que mantienen en alerta a la comunidad científica mexicana. Aunque no se observan columnas de lava ni deformaciones del terreno que indiquen una erupción inminente, cambios sutiles en la química del agua y la temperatura revelan una actividad hidrotermal intensa que requiere vigilancia constante.

Investigadores del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han documentado transformaciones significativas en el ecosistema del lago del cráter, que durante años cautivó a turistas con sus tonalidades verdes provocadas por algas. Patricia Jácome Paz, especialista del IGf, presentó en el Seminario de Vulcanología datos que muestran cómo estas algas han sido desplazadas por sulfatos y sílice, indicadores claros de la interacción entre gases magmáticos y el agua subterránea.

El peligro invisible: gases que se acumulan en las depresiones

El riesgo más inmediato no proviene de posibles explosiones, sino de emisiones gaseosas imperceptibles a simple vista. Monitoreos realizados en 2025 detectaron concentraciones elevadas de dióxido de carbono y ácido sulfhídrico, compuestos que por su mayor densidad que el aire tienden a acumularse en las zonas bajas del cráter. Estas “trampas” gaseosas representan un peligro mortal para visitantes desprevenidos, ya que su inhalación puede causar desde mareos hasta daños respiratorios graves en cuestión de minutos.

“El acceso al cráter está restringido por una razón muy concreta”, explica el Dr. Carlos Valdés, coordinador del Programa de Riesgo Volcánico. “Estamos ante fenómenos que no generan espectacularidad visual pero que tienen consecuencias potencialmente letales. La prevención es nuestra principal herramienta”.

Temperaturas extremas y esferas de azufre

Las mediciones más recientes revelan datos alarmantes: en el fondo del lago se han registrado temperaturas de hasta 118 °C, superando ampliamente el punto de ebullición del agua a esa altitud. Paralelamente, investigadores han observado la formación de esferas de azufre, fenómenos que solo ocurren en contextos de intensa actividad volcánica.

Estos cambios físico-químicos sugieren que el sistema hidrotermal del Chichonal está experimentando una reactivación significativa. Aunque diferente de la actividad magmática que precede a las erupciones, esta dinámica puede generar eventos freáticos: explosiones menores causadas por la presión del vapor de agua que, aunque no involucran lava, representan peligros considerables en las inmediaciones del cráter.

Monitoreo reforzado y preparación comunitaria

Ante estas señales, la UNAM y Protección Civil han implementado un protocolo de vigilancia ampliado que incluye estaciones sísmicas adicionales instaladas desde junio de 2025. Estas permiten detectar el más mínimo incremento en la sismicidad local, mientras que mediciones topográficas de precisión milimétrica monitorean posibles hinchamientos del terreno.

La memoria histórica juega un papel crucial en esta preparación. La erupción de 1982, que alteró el clima global y causó devastación en la región, sigue presente en la conciencia colectiva. Actualmente, aproximadamente 100,000 personas viven dentro del radio de 30 kilómetros considerado de mayor riesgo, por lo que las autoridades han intensificado los programas de capacitación para comunidades locales.

Diferenciando entre actividad hidrotermal y magmática

Los vulcanólogos enfatizan la importancia de distinguir entre ambos tipos de actividad. Mientras la actividad magmática implica el ascenso de material fundido desde las profundidades y suele preceder erupciones importantes, la actividad hidrotermal corresponde al calentamiento de aguas subterráneas por el calor residual del volcán.

“En el caso del Chichonal, por ahora observamos predominantemente actividad hidrotermal”, aclara la Dra. Jácome Paz. “No hay indicios de deformación del terreno que sugieran ascenso de magma. Sin embargo, los sistemas hidrotermales muy activos merecen toda nuestra atención, pues pueden evolucionar o generar fenómenos peligrosos por sí mismos”.

Lecciones de un volcán que marcó la historia

La erupción de 1982 del Chichonal no solo transformó el paisaje de Chiapas, sino que tuvo repercusiones planetarias. Las enormes cantidades de dióxido de azufre liberadas a la estratosfera formaron una nube de aerosoles que redujo la temperatura global en aproximadamente 0.5 °C durante los siguientes dos años, demostrando cómo los fenómenos volcánicos locales pueden tener impactos climáticos globales.

Hoy, cuatro décadas después, la ciencia volcánica mexicana cuenta con herramientas mucho más sofisticadas para entender y anticipar el comportamiento de estos gigantes geológicos. La vigilancia constante, combinada con educación comunitaria y protocolos de respuesta, constituye la mejor defensa contra los impredecibles caprichos de la Tierra.

Mientras el Chichonal continúa su lenta transformación, los científicos mantienen los ojos puestos en cada variación química, cada temblor imperceptible y cada cambio de temperatura, recordándonos que en la relación entre humanos y volcanes, el conocimiento y la prevención son nuestros mejores aliados.

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