El lío de OpenAI con los nombres: cuando la inteligencia artificial se queda sin ideas originales

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En el vertiginoso mundo de la inteligencia artificial, donde la innovación es la moneda de cambio, a veces surgen dilemas que nos hacen cuestionar la originalidad de sus creadores. OpenAI, una de las empresas líderes en este campo, ha estado en el ojo del huracán recientemente, no por un avance tecnológico revolucionario, sino por un problema mucho más mundano: la elección de nombres para sus productos. Resulta que, en su afán por lanzar nuevas herramientas, se les ha olvidado algo fundamental: asegurarse de que esos nombres no estén ya registrados por otras compañías.
Todo empezó con una de las funciones de Sora, la aplicación de OpenAI para compartir videos de IA, la cual permitía a los usuarios crear “deepfakes” personalizados de sí mismos. Esta herramienta fue bautizada como “cameo” y, como era de esperarse, rápidamente escaló posiciones en las listas de descarga de Apple. El problema es que ya existe una aplicación muy conocida llamada Cameo, donde los fans pagan a celebridades por videos personalizados. ¡Imagínense el relajo! La empresa original no se quedó de brazos cruzados y tomó acciones legales por violación de marca registrada. Como resultado, OpenAI tuvo que retirar temporalmente el nombre “cameo” de su aplicación, refiriéndose ahora a la función como “personajes”. Steven Galanis, CEO de la app Cameo, no se anduvo por las ramas y declaró que OpenAI sabía perfectamente de su existencia y de sus marcas registradas, pero aun así eligieron el nombre. Para él, esto es una “batalla existencial” por la palabra y su marca, pues la confusión ya estaba afectando su visibilidad en Google, haciendo que la gente asociara “cameo” con “bazofia de IA” en lugar de conexiones auténticas y personalizadas. OpenAI, por su parte, argumenta que nadie puede reclamar la propiedad exclusiva de la palabra.
Pero este no es un caso aislado. Hace poco, OpenAI también recibió una orden para no usar el nombre “io” en su próximo dispositivo de hardware, debido a otra demanda de una empresa llamada “iyO”, que ya está desarrollando un dispositivo similar impulsado por IA. Pareciera que la creatividad en el departamento de nombres de OpenAI está en números rojos. Es curioso, ¿verdad? Una tecnología que nos promete generar contenido y soluciones innovadoras, parece tropezar con la originalidad a la hora de nombrar sus propias creaciones. La IA generativa, por su naturaleza, se basa en encontrar patrones y “aprender” de vastos conjuntos de datos. Quizás esta misma lógica se aplica a sus esquemas de nomenclatura, donde en lugar de buscar lo novedoso, replican lo ya existente. Esto nos lleva a pensar que si un negocio se basa en imitar los resultados de otros, la originalidad no suele ser su fortaleza principal, y OpenAI está aprendiendo esta lección a golpe de demandas.
Este escenario plantea una pregunta importante para el futuro de la IA: ¿qué tan original puede ser una tecnología que aprende imitando? Más allá de los litigios y las multas, este caso subraya la necesidad de que las empresas de tecnología, especialmente aquellas en la vanguardia de la IA, pongan un mayor énfasis en la creatividad y la originalidad, no solo en sus productos, sino en cada aspecto de su marca. Evitar estos conflictos no solo es una cuestión legal, sino también de reputación. Al final del día, la innovación real no solo radica en lo que se crea, sino también en cómo se presenta al mundo, de una forma única y respetuosa con el trabajo de los demás. Ojalá OpenAI tome nota y, para sus próximos lanzamientos, nos sorprenda con nombres tan innovadores como sus propias creaciones.
