En un movimiento que marca un punto de inflexión en la industria del entretenimiento digital, Disney+ ha anunciado una transformación radical de su plataforma que podría redefinir cómo consumimos contenido en México y el mundo. La compañía que durante décadas ha sido sinónimo de cine tradicional y producciones épicas ahora se prepara para abrazar el formato vertical y los microcontenidos, respondiendo directamente a los hábitos de consumo de la Generación Z y la Generación Alpha.
Durante el CES de este año, ejecutivos de Disney revelaron que para 2026 la plataforma incorporará vídeos verticales como parte fundamental de su oferta. Esta decisión estratégica representa mucho más que una simple adaptación técnica: es el reconocimiento de que el entretenimiento ha evolucionado hacia formas más fragmentadas, inmediatas y celulares. Erin Teague, vicepresidenta ejecutiva de gestión de producto de Disney, explicó que el objetivo es convertir Disney+ en “un destino de visita obligada cada día”, compitiendo directamente con aplicaciones como TikTok e Instagram por la atención diaria de los usuarios.
La estrategia de Disney no surge de la nada. La compañía ya había experimentado con éxito los formatos verticales a través de ESPN, donde los llamados “Verts” (clips deportivos verticales) demostraron su potencial para capturar audiencias más jóvenes. Según datos presentados por Rita Ferro, responsable global de publicidad en Disney, ESPN logró capturar el 33% de toda la audiencia de deportes en directo durante 2025 en Estados Unidos, superando significativamente a sus competidores más cercanos. Este éxito piloto ha convencido a Disney de escalar la apuesta a todo su ecosistema de streaming.
Lo que Disney propone es un feed personalizado alimentado por algoritmos sofisticados que mezclarán noticias y entretenimiento en formato vertical. La materia prima será diversa: desde producciones originales diseñadas específicamente para pantallas de celular hasta material reciclado de redes sociales y escenas de películas y series reformateadas. La visión es clara: ya no basta con ser el servicio donde ver la última temporada de una serie exitosa; ahora Disney+ quiere ser la aplicación que los usuarios abren de forma compulsiva, varias veces al día, sin siquiera pensarlo.
Esta transformación responde a una realidad innegable: las nuevas generaciones han cambiado fundamentalmente su relación con el entretenimiento. Como reconoció Teague, “la Generación Z y la Generación Alpha no están necesariamente pensando en sentarse a ver contenido largo de dos horas y media en sus teléfonos”. Para millones de jóvenes en México y América Latina, el cine ya no representa la unidad básica de consumo audiovisual. En su lugar, prefieren contenidos breves, adictivos y optimizados para el desplazamiento vertical que caracteriza a plataformas como TikTok.
El fenómeno de los microdramas y contenidos verticales no es exclusivo de Disney. En Asia, aplicaciones como ReelShort y Crazy Maple Studio llevan años dominando nichos de mercado con dramas verticales de sesenta segundos, generando decenas de millones de dólares anuales con un modelo de negocio que combina episodios gratuitos con contenido premium desbloqueable. Estas plataformas han demostrado que la narrativa adictiva funciona incluso cuando está atomizada en microsegmentos.
En el ámbito hispanohablante, TelevisaUnivision lleva meses explorando los “microdramas”, versiones ultrabreves del formato telenovela tradicional. Mientras tanto, gigantes como Procter & Gamble han lanzado “The Golden Pear Affair”, un microculebrón de 50 episodios diseñado específicamente para consumo en redes sociales. Lo interesante de estas producciones es que no se trata simplemente de publicidad disfrazada de contenido, sino de narrativas creadas desde cero para integrar productos de forma orgánica.
Las implicaciones publicitarias de este cambio son profundas. Disney presentó durante el CES una métrica que fusiona datos propios con información de proveedores externos, destacando el formato vertical como un espacio extremadamente atractivo para anunciantes. Además, la compañía reveló una herramienta de generación de vídeo impulsada por inteligencia artificial que permite a las marcas convertir materiales existentes en anuncios renovados sin necesidad de producir contenido desde cero. Esta tecnología, alimentada por la reciente alianza de Disney con OpenAI, podría revolucionar la publicidad digital en México y reducir significativamente los costos de producción para las empresas locales.
La transición de Disney hacia los formatos verticales plantea preguntas fundamentales sobre el futuro del entretenimiento. ¿Estamos presenciando una transformación genuina o simplemente una concesión temporal a las tendencias actuales? Los analistas coinciden en que se trata de un movimiento estratégico necesario para mantener la relevancia en un mercado cada vez más competitivo. Netflix ya había experimentado con vídeos verticales de anime en 2021, aunque nunca escaló la propuesta más allá de pruebas limitadas. Disney parece decidida a ser la primera gran plataforma en implementar esta transformación de manera integral y exitosa.
Lo más revelador de esta estrategia es que Disney no está intentando atraer a las nuevas generaciones hacia su catálogo clásico, sino que busca hablar en el mismo idioma que ellos. Mickey Mouse y Spider-Man, iconos que han definido el entretenimiento infantil y juvenil durante generaciones, ahora aprenderán a hacer coreografías en formato vertical. Esta adaptación no significa el abandono del cine tradicional, sino la creación de un ecosistema más diverso que pueda satisfacer diferentes modos de consumo según el contexto y el dispositivo.
En México, donde el consumo de contenido digital ha crecido exponencialmente en los últimos años, esta transformación podría tener un impacto particularmente significativo. Con una población joven que representa una proporción importante del mercado y hábitos de consumo que priorizan la movilidad y la inmediatez, la apuesta de Disney por los formatos verticales parece especialmente pertinente. La tropicalización de contenidos, el uso de referencias culturales locales y la adaptación de precios a la realidad económica mexicana serán factores cruciales para el éxito de esta estrategia en nuestro país.
El desafío para Disney será mantener la calidad narrativa que la ha caracterizado durante décadas mientras se adapta a formatos radicalmente diferentes. Los microdramas verticales requieren una economía narrativa distinta, donde cada segundo cuenta y el gancho debe ser inmediato. La compañía deberá encontrar el equilibrio entre la inmediatez que demandan las nuevas generaciones y la profundidad emocional que ha definido sus producciones más exitosas.
Más allá de las consideraciones técnicas y comerciales, este movimiento de Disney refleja un cambio cultural más amplio. Estamos presenciando la convergencia definitiva entre el entretenimiento tradicional y las dinámicas de las redes sociales. Las fronteras entre lo que consideramos “contenido premium” y “contenido social” se desdibujan cada vez más, creando un panorama mediático más fluido y diversificado.
Para los consumidores mexicanos, esta transformación podría significar acceso a contenidos más variados y adaptados a sus hábitos reales de consumo. Para la industria creativa local, representa tanto desafíos como oportunidades: la necesidad de desarrollar nuevas habilidades narrativas, pero también la posibilidad de llegar a audiencias globales con formatos innovadores. Y para Disney, este es quizás el mayor experimento de su historia reciente: reinventar su modelo de negocio para seguir siendo relevante en un mundo donde la atención es el recurso más escaso y valioso.

