Un equipo de astrónomos finalmente ha resuelto el misterio del famoso ‘Planeta Rosa’, un extraño mundo ubicado a 57 años luz de distancia que ha desconcertado a los científicos durante más de una década. Utilizando el Telescopio Espacial James Webb, los investigadores descubrieron que su atmósfera contiene vapor de agua, metano, dióxido de carbono, amoníaco y algo nunca antes confirmado directamente en un objeto de este tipo: nubes saladas.
Un hallazgo sin precedentes
El exoplaneta, conocido como GJ 1214 b, ha sido objeto de estudio desde su descubrimiento en 2009. Su tamaño y masa lo clasifican como una ‘supertierra’ o ‘mini-Neptuno’, pero su composición atmosférica ha sido difícil de determinar debido a una densa capa de nubes. El James Webb, con su capacidad infrarroja, logró penetrar esa capa y revelar la presencia de aerosoles de sal, similares a los que se encuentran en las nubes marinas de la Tierra.
Implicaciones para la ciencia planetaria
Este descubrimiento no solo resuelve un enigma de larga data, sino que también abre nuevas preguntas sobre la formación y evolución de atmósferas exoplanetarias. Las nubes de sal podrían influir en el clima y la reflectividad del planeta, afectando su temperatura y habitabilidad potencial.
El papel del James Webb
El telescopio espacial, lanzado en 2021, ha demostrado una vez más su poder para desentrañar los secretos del cosmos. Al observar GJ 1214 b durante varias horas, los científicos pudieron analizar la luz estelar filtrada a través de su atmósfera, identificando las firmas espectrales de los compuestos mencionados.
¿Qué sigue?
Los investigadores planean realizar más observaciones para estudiar la dinámica de estas nubes saladas y buscar otros compuestos. Este hallazgo también motiva la búsqueda de exoplanetas similares en la zona habitable de sus estrellas.

