El poder adquisitivo de la Generación Z está en ascenso, pero su lealtad hacia las marcas es más volátil que nunca

El poder adquisitivo de la Generación Z está en ascenso, pero su lealtad hacia las marcas es más volátil que nunca
El poder adquisitivo de la Generación Z está en ascenso, pero su lealtad hacia las marcas es más volátil que nunca

Ciudad de México. Tras años de incertidumbre global y presiones económicas acumuladas, el 2026 se perfila como el año de la “selección intencional”. Así lo revela el más reciente informe de tendencias de consumo de McCann México, “The Little Book of Big Truths 2026”, elaborado por su unidad de consultoría estratégica Truth Finder Consulgency. El estudio, liderado por Joan Frías, Director de Marketing y Consultoría, muestra que los jóvenes mexicanos han pasado de una resistencia pasiva a convertirse en los arquitectos de un nuevo sistema económico y social, impulsado por la búsqueda de calma, claridad de identidad y entornos emocionalmente estables.

Uno de los hallazgos más disruptivos es la evolución de los hábitos de consumo hacia la “Little Treat Culture” o cultura de los pequeños caprichos. Lo que antes se consideraba un gusto culposo esporádico, en 2026 se transforma en momentos emotivo-sensoriales completos que funcionan como una cuota diaria de motivación para enfrentar los desafíos laborales y académicos. De hecho, el 20% de la Generación Z afirma darse un capricho a diario y más del 40% incluso incluye un presupuesto fijo para ello. Para muchos, estos caprichos no son un lujo, sino una forma de sobrevivir en una economía difícil. “Más que indulgencia se trata de bienestar emocional y resiliencia diaria”, afirma Agustín Cárdenas, VP Ejecutivo de McCann. “En un contexto marcado por la presión constante, las marcas capaces de convertirse en un respiro significativo, un pequeño placer con intención, serán las que logren trascender en la vida cotidiana de la Gen Z”.

La investigación destaca tres ejes fundamentales que definen el comportamiento de esta generación en el mercado mexicano. El primero es el thrifting como postura identitaria: durante años, el consumo de ropa vintage y de segunda mano fue leído como una práctica de nicho o asociada a presupuestos limitados. Hoy, México se posiciona como líder regional en consumo de segunda mano. Más de uno de cada dos mexicanos (52%) compra ropa vintage o de segunda mano, por encima del promedio LATAM (42%) y del promedio global (38%). Esta adopción masiva revela un cambio profundo en la relación con la moda, donde el valor ya no se mide solo por novedad, sino por historia, singularidad y reapropiación. El segundo eje es el emprendimiento por necesidad: con un panorama laboral donde el 47.6% de la Gen Z en México no cuenta con empleo formal, las plataformas digitales se han convertido en el nuevo activo económico, permitiéndoles monetizar pasiones para sobrevivir y crecer. Según datos recientes del INEGI, más de 14.5 millones de mexicanos se encuentran en situación de informalidad o subempleo, lo que orilla a los jóvenes a buscar ingresos alternativos a través de negocios digitales, ventas en redes sociales y economía de plataformas.

El tercer eje es la exigencia de congruencia: el 70% de los jóvenes mexicanos afirma que las marcas deben tomar posturas políticas claras y coherentes con sus valores. La lealtad ya no se compra con descuentos o promociones, sino con autenticidad y propósito. En un entorno donde el poder adquisitivo de la Generación Z está en ascenso, su lealtad hacia las marcas es más volátil que nunca. Las empresas que no logren conectar con esta nueva mentalidad corren el riesgo de quedar fuera del radar de un segmento que, según el estudio, está redefiniendo las reglas del consumo en México.

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