Arabia Saudí enfrenta la paradoja del petróleo: el precio del crudo amenaza los megaproyectos de Neom y Vision 2030

En el corazón del desierto saudí, una ambiciosa visión de futuro choca con una realidad económica que se mide en barriles. Lo que comenzó como un plan audaz para transformar la economía del reino, ahora navega aguas turbulentas marcadas por la volatilidad del mercado petrolero. La paradoja es evidente: el mismo recurso que Arabia Saudí busca dejar atrás se ha convertido en el termómetro que mide la viabilidad de sus sueños más futuristas.

Cuando el príncipe heredero Mohammed bin Salman presentó Vision 2030, el mundo observó con asombro cómo un país tradicionalmente ligado al petróleo pretendía reinventarse completamente. Los proyectos bajo el paraguas de Neom –The Line, Oxagon, Trojena– no eran simples desarrollos urbanísticos, sino declaraciones de intenciones sobre cómo deberían ser las ciudades del mañana. The Line, en particular, capturó la imaginación global: una ciudad lineal de 170 kilómetros, completamente sostenible, donde los autos serían innecesarios y la naturaleza se integraría de manera armoniosa con la vida urbana.

El despertar económico

Sin embargo, los sueños arquitectónicos más ambiciosos deben enfrentarse eventualmente a las matemáticas financieras. Según revelaciones recientes del Financial Times, los responsables de Neom han encargado una auditoría exhaustiva del proyecto, cuyas conclusiones preliminares han llevado a replantear radicalmente el alcance de algunas iniciativas. Lo que inicialmente se concibió como una transformación total ahora parece encaminarse hacia versiones más modestas y pragmáticas.

El caso de Trojena resulta particularmente ilustrativo. Esta estación de esquí en medio del desierto, que originalmente aspiraba a albergar los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029, ha visto cómo ese evento se ha pospuesto indefinidamente. El anuncio conjunto del Consejo Olímpico de Asia y su homólogo saudita no mencionó razones específicas, pero los analistas coinciden en que los desafíos financieros y logísticos han jugado un papel determinante.

La ecuación petrolera

La dependencia que persiste

Para comprender por qué estos proyectos enfrentan dificultades, debemos examinar la estructura económica de Arabia Saudí. A pesar de años de esfuerzos por diversificar, el petróleo sigue representando aproximadamente el 60% de los ingresos públicos y más del 20% del PIB total del reino. Aramco, la gigantesca petrolera estatal, no es solo una empresa: es el motor que alimenta las arcas públicas y, por extensión, los fondos disponibles para iniciativas como Neom.

Los expertos del Fondo Monetario Internacional han calculado que Arabia Saudí necesita que el precio del barril de Brent se mantenga alrededor de los 96 dólares para equilibrar su presupuesto gubernamental. Esta cifra ha ido aumentando con los años –desde los 80.9 dólares que se estimaban en 2023– reflejando cómo los compromisos de gasto, incluidos los megaproyectos, han incrementado la presión sobre las finanzas públicas.

La tormenta perfecta

El problema actual radica en que el mercado petrolero se mantiene persistentemente por debajo de ese umbral crítico. Mientras Vision 2030 se diseñó considerando un escenario de petróleo a 100 dólares por barril, la realidad ha presentado precios que oscilan entre 60 y 70 dólares. Esta brecha entre lo proyectado y lo real tiene consecuencias directas: según análisis de Reuters, cada caída en los precios del crudo se traduce en miles de millones menos en dividendos de Aramco, que a su vez significan menos recursos para el Fondo de Inversión Pública que financia buena parte de Vision 2030.

El cambio de rumbo estratégico

Frente a esta realidad, Arabia Saudí parece estar ajustando su estrategia. Fuentes cercanas a Neom sugieren que el enfoque podría estar desplazándose desde las espectaculares “ciudades del futuro” hacia proyectos más concretos y potencialmente rentables a corto plazo, como centros de datos e infraestructura tecnológica.

Este cambio no significa el abandono de Vision 2030, sino más bien una recalibración de expectativas. Los arquitectos trabajan actualmente en rediseños de The Line que aprovechen la infraestructura ya construida mientras reducen significativamente el alcance original. La narrativa oficial mantiene que Neom es “una apuesta que pretende abarcar generaciones”, pero los ajustes prácticos hablan de una adaptación a circunstancias económicas menos favorables de las anticipadas.

El contexto global

La situación de Arabia Saudí refleja un desafío más amplio que enfrentan muchas economías dependientes de recursos naturales. La transición energética global, la volatilidad de los mercados de commodities y las presiones geopolíticas crean un entorno donde incluso los planes mejor financiados pueden encontrar obstáculos imprevistos.

Brad Setser, investigador del Council on Foreign Relations, ha destacado recientemente cómo la dependencia saudí de precios petroleros específicos crea vulnerabilidades estructurales. No se trata simplemente de que el petróleo suba o baje, sino de que debe mantenerse en niveles muy concretos para que la matemática de los megaproyectos funcione.

El futuro incierto

Mientras Arabia Saudí se prepara para eventos globales como la Expo 2030 y la Copa Mundial de Fútbol de 2034, la pregunta que flota en el aire es si la cotización del Brent determinará el destino de los proyectos diseñados precisamente para reducir la dependencia del petróleo. La ironía sería profunda: que la misma commodity que el reino quiere dejar atrás se convierta en el juez que decida qué partes de su visión futurista sobreviven y cuáles deben ser reconsideradas.

Lo que está claro es que el camino hacia la diversificación económica es más complejo y está más lleno de matices de lo que muchos anticiparon. Los próximos años mostrarán si Arabia Saudí puede navegar esta paradoja –utilizando los recursos del presente para financiar la transición hacia un futuro menos dependiente de esos mismos recursos– o si las leyes económicas básicas terminarán imponiendo límites a incluso las visiones más ambiciosas.

La historia de Neom y Vision 2030 se está escribiendo no solo en los planos arquitectónicos y las maquetas futuristas, sino en las pantallas que muestran las cotizaciones del petróleo en tiempo real. En este cruce entre ambición y realidad económica, cada barril cuenta, y cada fluctuación de precio redefine lo posible.

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