En un giro que parece sacado de una serie de televisión, las autoridades españolas han desmantelado una de las redes de narcotráfico más sofisticadas que operaban en territorio europeo. La llamada “Operación Saga” reveló cómo el Cártel de Sinaloa, una de las organizaciones criminales más poderosas de México, utilizó la industria del mármol en la provincia de Alicante como fachada para establecer su principal centro logístico de metanfetamina en el continente europeo.
La investigación, que comenzó en 2023 y culminó recientemente con una segunda fase de detenciones, demostró la extraordinaria capacidad de adaptación de los cárteles mexicanos para infiltrarse en economías legítimas. En lugar de operar desde los márgenes de la sociedad, esta organización hispano-mexicana se insertó en el corazón de una industria tradicional española, utilizando empresas marmolistas establecidas como pantalla para sus actividades ilícitas.
Según los detalles revelados por la Policía Nacional en colaboración con la DEA estadounidense, la droga viajaba desde México oculta dentro de imponentes bloques de mármol que se importaban legalmente a España. Una vez en territorio europeo, la organización utilizaba la infraestructura empresarial de un conocido marmolista de la zona para mover la metanfetamina hacia distintos puntos de distribución. Este método de camuflaje resultó tan efectivo que permitió a la red operar durante meses sin levantar sospechas.
La sofisticación logística alcanzó niveles casi cinematográficos cuando las autoridades interceptaron una estatua de Popeye de metro y medio con destino a Tenerife. La figura, que lucía colores metalizados, contenía en su base 40 kilos de metanfetamina de alta pureza. El destinatario, identificado como un narcotraficante histórico de las Islas Canarias, esperaba recibir este envío sin saber que la estatua llevaba meses bajo vigilancia policial. Esta incautación permitió a las autoridades confirmar que, incluso después de los primeros golpes en 2024, la organización intentaba desesperadamente refinanciar sus operaciones.
El corazón de la operación se encontraba en una nave industrial de Novelda, donde los agentes descubrieron un búnker subterráneo cuidadosamente oculto bajo una pesada plancha de acero y un bloque de piedra de grandes dimensiones. En este escondite, la organización almacenaba casi 3.000.000 de euros en efectivo, equivalentes a más de 60 millones de pesos mexicanos según el tipo de cambio actual. Mientras el dinero se acumulaba en Alicante, en Madrid la red mantenía a un miembro del Cártel de Sinaloa “en reserva”, pagándole 2.500 euros mensuales (aproximadamente 50,000 pesos mexicanos) exclusivamente por su silencio, ya que conocía los detalles de la entrada de 1.800 kilos de droga durante la primera fase de la operación.
La dirección de esta compleja logística no se realizaba desde España, sino desde Dubái, donde el líder de los narcotransportistas -un español con antecedentes por delitos contra el patrimonio- coordinaba los movimientos entre México y Europa mediante lo que podría describirse como teletrabajo criminal. Desde su lujosa ubicación en los Emiratos Árabes Unidos, supervisaba no solo el tráfico de metanfetamina, sino también envíos secundarios como una partida de 38 kilos de marihuana interceptada en Finlandia.
La elección de España como centro de operaciones no fue casual. Estudios científicos sobre aguas residuales, que analizan los metabolitos en la orina para medir el consumo real de drogas, han identificado a España y los Países Bajos como puntos neurálgicos de distribución en Europa. Aunque el consumo de metanfetamina en España es menor que el de cocaína, investigaciones de la EUDA (Agencia Europea de Drogas) confirman la posición estratégica del país en las rutas del narcotráfico. En regiones como Euskadi, los registros de anfetaminas en aguas residuales muestran picos que multiplican por ochenta la media nacional, señal inequívoca de un mercado en expansión.
La “Operación Saga”, dirigida por el Juzgado de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, ha logrado intervenir además siete relojes de lujo, dispositivos de geolocalización y munición, dando por desmantelado lo que las autoridades describen como el entramado criminal más potente de drogas de síntesis en Europa. Sin embargo, como advierte el comisario Alberto Morales, la persistencia del Cártel de Sinaloa es legendaria. Desde 2009, esta organización ha intentado establecerse en España de múltiples formas: desde el primo de Joaquín “El Chapo” Guzmán detenido en el Hotel Palace de Madrid en 2012, hasta los narcolaboratorios de “Los Chapitos” desmantelados en Toledo en 2024.
Hoy, el búnker de Novelda está vacío y la estatua de Popeye descansa en las dependencias policiales de Canillas, pero las autoridades tienen claro que el “sueño europeo” de los cárteles mexicanos está lejos de terminar. La capacidad de estas organizaciones para reinventarse, infiltrarse en industrias legítimas y establecer redes logísticas transcontinentales representa un desafío constante para las fuerzas de seguridad. La lucha contra el narcotráfico se ha convertido en una batalla de ingenio, donde la tecnología, la ciencia forense y la cooperación internacional son armas tan importantes como las detenciones y las incautaciones.
Este caso particular demuestra cómo la globalización ha transformado el crimen organizado, permitiendo a grupos como el Cártel de Sinaloa operar con una eficiencia empresarial que rivaliza con las corporaciones multinacionales. La lección para las autoridades es clara: en el siglo XXI, el narcotráfico ya no se esconde en los márgenes, sino que se camufla en el corazón mismo del comercio legal, utilizando las mismas rutas, tecnologías y estructuras que impulsan la economía global.

