Las fortalezas mentales que desarrollaron los baby boomers y generación X, y por qué están desapareciendo

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Hola, queridos lectores. Hoy quiero compartir con ustedes una reflexión que me ha hecho pensar mucho últimamente. Seguro que han escuchado a maestros, padres o abuelos comentar cómo las nuevas generaciones, rodeadas de pantallas desde la cuna, parecen estar perdiendo ciertas habilidades básicas. Pues bien, resulta que la psicología tiene algo que decir al respecto, y las noticias son especialmente interesantes para quienes nacieron en las décadas de 1960 y 1970. Un estudio reciente, publicado en el periódico francés Ouest-France, señala que estas generaciones desarrollaron una serie de fortalezas mentales que, según los expertos, hoy en día se están volviendo cada vez más escasas. ¿La razón principal? Un estilo de vida más sencillo, pero también más exigente, marcado por la ausencia de tecnología omnipresente y la necesidad de asumir responsabilidades desde una edad temprana.

Entre las habilidades que este estudio destaca, encontramos algunas verdaderamente valiosas. La paciencia, por ejemplo, era algo que se cultivaba de forma natural. En aquellos tiempos, el aburrimiento no era una emergencia; si no había nada que hacer, se salía a la calle, se tomaba un libro o se inventaba un juego en el momento. La información tardaba en llegar, lo que enseñaba a esperar, una lección que hoy, en la era de la inmediatez, parece haberse olvidado. Junto a la paciencia, la tolerancia a la frustración era otra lección clave. La vida no se presentaba edulcorada; no había trofeos por participar, y los niños aprendían que el fracaso no era el fin del camino, sino parte de él. Esto, según los psicólogos, fomentaba una mayor resiliencia y una mejor capacidad para regular las emociones, asociándose con un mayor bienestar en la adolescencia y la adultez.

Otras fortalezas incluyen la satisfacción con lo que se tiene, cultivada en un entorno con menos posesiones materiales y menos expectativas de cambio constante, y la tolerancia a la incomodidad, fruto de tener que esperar y adaptarse. Además, actividades como leer durante horas, escribir cartas o escuchar álbumes completos fortalecían la capacidad de concentración, algo que contrasta con el modelo de atención fragmentada que predomina hoy. La gestión directa de conflictos, a través del diálogo cara a cara, también permitía desarrollar habilidades sociales como interpretar el lenguaje corporal y practicar la escucha activa. Por supuesto, no se trata de idealizar esas décadas, que estuvieron llenas de desafíos e injusticias, sino de reconocer que ciertas experiencias moldearon capacidades que hoy merecen nuestra atención.

En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, es importante reflexionar sobre lo que ganamos y lo que perdemos. Las generaciones de los 60 y 70 nos recuerdan que la simplicidad y las responsabilidades tempranas pueden ser grandes maestras. Tal vez, como sociedad, podamos encontrar un equilibrio, aprovechando lo mejor de ambos mundos: la innovación actual y la sabiduría del pasado. Después de todo, entender nuestras raíces puede ayudarnos a construir un futuro más resiliente y consciente. ¿Qué opinan ustedes? ¿Creen que estas fortalezas se están perdiendo, o simplemente están evolucionando? Los invito a dejar sus comentarios y compartir sus experiencias.